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Dolor menstrual, ¿es normal?

Dolor menstrual, ¿es normal?

La menstruación es parte de la vida de las mujeres, y como tal debe permitirnos sobrellevar el resto de nuestras actividades de forma normal. Sin embargo, en muchos casos se convierte en una limitación importante debido al dolor que ocasiona, siendo recomendable instaurar tratamiento.

¿Qué es la menstruación y el dolor menstrual?

La menstruación es un sangrado cíclico cada 28-35 días, que resulta de la descamación del endometrio – el tejido que recubre la cavidad del útero – tras un ciclo ovulatorio en el que no se ha producido embarazo.

El 50-90% de mujeres de todo el mundo sufren o han sufrido dolor asociado a la menstruación o dismenorrea. Es una de las principales causas de absentismo laboral y escolar, y ocasionando un grave perjuicio en la productividad anual. Sin embargo, solo en torno al 15% de estas mujeres consultan por este motivo.

El dolor menstrual es de tipo cólico, se percibe como “calambres” o dolores punzantes en la porción inferior del abdomen o en la zona lumbar.

Posibles factores de riesgo para presentar dolor menstrual son la edad adolescente y joven, tabaco y estrés, además de una aparente predisposición familiar. Por el contrario, se consideran protectores los embarazos y edad joven al momento del primer hijo, así como el uso de anticonceptivos hormonales.

¿Qué causa la dismenorrea o períodos menstruales dolorosos?

Según su origen, la dismenorrea puede ser:

  • Primaria, cuando no se objetiva ninguna patología o alteración orgánica que la justifique. Se cree que se debe a un exceso de contracciones uterinas, derivado de un disbalance en la producción local de los factores reguladores del músculo uterino: las prostaglandinas F2 alfa y prostaglandina E2. Estos factores también estimulan el tracto gastro-intestinal, pudiendo producir náuseas, vómitos o diarrea.
  • Secundaria u orgánica, cuando existe una enfermedad o anomalía anatómica subyacente.
  • Malformaciones del aparato genital, como la estenosis cervical, tabique vaginal o himen imperforado, condicionan una dificultad o imposibilidad total para la salida de la menstruación, produciendo dolor e incluso sobreinfecciones. Se diagnostica normalmente en la adolescencia cuando comienzan las primeras menstruaciones. La estenosis del cuello del útero, aunque infrecuente, también puede ocurrir tras cirugías como la conización cervical, que puedan condicionar el cierre del canal cervical por cicatrización anómala.
  • Enfermedad inflamatoria pélvica: se trata de una infección que afecta al útero, trompas de Falopio e incluso ovarios, cuyos principales agentes son la Chlamydia y el Gonococo, de transmisión sexual, que en los casos más severos puede dejar secuelas como adherencias y abscesos y condicionar dolor con las reglas, con las relaciones sexuales o dolor pélvico crónico.
  • Endometriosis: se trata de una enfermedad crónica derivada del desarrollo de tejido similar al endometrio fuera de la cavidad del útero. El dolor producido por la endometriosis normalmente no tiene un inicio abrupto en la adolescencia, sino que va empeorando con el tiempo, y puede ser cíclico, con las menstruaciones y ovulaciones, o continuo.
  • Adenomiosis: de forma parecida a la endometriosis, el tejido similar al endometrio infiltra el músculo que constituye las paredes uterinas, incrementando su tamaño, produciendo una alteración en su contractilidad normal y condicionando reglas abundantes y dolorosas.
  • Fibromas o miomas uterinos: son tumores benignos del músculo uterino, con frecuencia asintomáticos. Pero que a veces pueden producir sangrados abundantes y dolorosos al igual que la adenomiosis.

¿Cuándo debo consultar con el ginecólogo/a por el dolor menstrual?

Siempre que el dolor menstrual ocasione un impacto en la calidad de vida debe ser valorado en consulta por un especialista.

Por el contrario, se debe acudir a urgencias ante un dolor agudo muy intenso, que no mejora con analgesia habitual, especialmente si se acompaña de menorragia (sangrado menstrual abundante, con coágulos) o metrorragia (sangrado que no se corresponde con el ciclo). En estos casos hay que descartar otras causas como un aborto o embarazo ectópico. 

¿Cómo se estudia el dolor menstrual severo (dismenorrea severa)?

Gran parte de las dismenorreas son primarias, por lo que cuando el dolor es leve-moderado la primera aproximación puede ser empírica, mejorando los hábitos de vida y añadiendo terapia analgésica.

En los casos en los que no hay mejoría con estas medidas iniciales, o cuando el dolor es intenso, no se limita a las reglas o se acompaña de otros síntomas como el sangrado abundante o mareos o alteraciones intestinales se debe iniciar un estudio ginecológico. Éste comienza con la historia clínica, la exploración física ginecológica y la ecografía transvaginal. En algunas ocasiones, resultan necesarios estudios adicionales como la resonancia magnética pélvica (más útil en estos casos que la tomografía o TAC) o incluso una laparoscopia para valorar directamente la cavidad abdomino-pélvica.

¿Qué puedo hacer para aliviar el dolor menstrual o del período?

  • Hábitos de vida: el ejercicio físico regular ha demostrado mejorar el dolor menstrual. Así también, la aplicación de calor seco local en el abdomen inferior parece tener una eficacia similar al ibuprofeno en el tratamiento del dolor.
  • Analgésicos vía oral: normalmente son la primera línea de tratamiento farmacológico, especialmente los antiinflamatorios no esteroideos como el ibuprofeno, dexketoprofeno… que inhiben la producción de las prostaglandinas y por tanto son muy útiles en la dismenorrea primaria. Siempre bajo prescripción médica, ya que no están exentos de efectos secundarios.
  • Métodos anticonceptivos hormonales: bloquean la ovulación y la síntesis de prostaglandinas, disminuyen el flujo menstrual y permiten a veces espaciar las reglas o suprimirlas. Hoy en día existen muchísimas alternativas más allá de la píldora convencional. Su ginecólogo/a estudiará su caso para recomendarle el que más se adapte a sus circunstancias.
  • Electroestimulación transcutánea (TENS). Parece haber cierta evidencia científica a favor de la estimulación percutánea de alta frecuencia, semanalmente durante al menos 12 semanas, como tratamiento complementario y de segunda línea para la dismenorrea severa.
  • Cirugía: en casos de dismenorrea secundaria severa que no mejora con el tratamiento médico, puede ser necesaria la cirugía en función de la enfermedad subyacente.

Terapias alternativas: no han demostrado científicamente ser efectivas, por lo que se plantean en todo caso como complementarias. Se han propuesto compuestos naturales como el jengibre, el aceite de onagra y el de pescado, suplementos de vitamina D3, B1 y B6, la dieta vegetariana, así como la terapia conductual, hipnosis y acupuntura.

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Dra. Esperanza de la Torre, ginecóloga en Instituto Bernabeu

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