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Biólogos que cambiaron la reproducción asistida: el papel del embriólogo en los avances de la medicina reproductiva

Biólogos que cambiaron la reproducción asistida: el papel del embriólogo en los avances de la medicina reproductiva

La reproducción asistida humana como la conocemos hoy en día no hubiese sido posible sin los descubrimientos que tuvieron lugar hace más de 70 años.

Avances de la mano de la biología

El primer hito en la historia de las técnicas de reproducción asistida tuvo lugar en 1969, cuando el biólogo Robert Edwards, premio Nobel de Medicina en 2010, consiguió fecundar un óvulo poniéndolo en contacto con espermatozoides en el laboratorio.

Tras varios intentos de transferencia al vientre materno por parte del equipo de Patrick Steptoe y Robert Edwards, fue en 1978 cuando nació la primera niña en el mundo gracias a esta nueva técnica: la fecundación in vitro (FIV).

Aunque esto no hubiese sido posible sin el descubrimiento de los componentes principales del medio de cultivo por Yves Menezo, en 1976.  En España tendríamos que esperar hasta el 1984 para que tuviera lugar el primer nacimiento FIV, llevada a cabo por varios especialistas, entre ellos la bióloga Anna Veiga. -En agosto de 1988 conseguimos el primer nacimiento FIV de nuestra clínica; El primero de la Comunidad Valenciana (conocer más de nuestros hitos)-.

La fecundación in vitro fue perfeccionándose progresivamente y en 1983 se produjo el primer embarazo tras la transferencia de embriones descongelados llevado a cabo por el equipo de biólogos Trounson y Mohr. Sin embargo, esto no hubiese sido posible sin la aportación previa de los biólogos Wilmut y Whittingham quienes publicaron los primeros resultados en cuanto a congelación y descongelación de embriones de ratón.

Unos años más tarde en el 1992, Gianpiero Palermo publicó el primer embarazo evolutivo tras el uso de la microinyección espermática en el interior del óvulo (ICSI). Esta técnica fue desarrollada unos años antes y conllevó un gran avance en el tratamiento de alteraciones del factor masculino, ya que solo es necesario un espermatozoide por ovocito y facilita la fecundación.

Asimismo, en el año 1990 fue el diagnóstico genético preimplantacional del embrión (DGP, PGT-A) el responsable de los primeros nacimientos de niños libres de enfermedades ligadas al cromosoma X. Este hito se produjo gracias al trabajo realizado por el equipo de Handyside con la aportación indispensable de la bióloga Kontogianni.

Tras el paso de los años las técnicas descritas se han ido perfeccionado ya que la reproducción asistida es un campo en continuo desarrollo. Dicho desarrollo tiene un único fin, mejorar la efectividad de las técnicas y con ello ayudar a crear nuevas familias.

Conseguir el sueño de tener un hijo en parejas y mujeres que vienen a una clínica de reproducción asistida, implica una perfecta coordinación de todo su equipo multidisciplinar. Entre ellos están los embriólogos, especialistas claves para lograr el éxito de los tratamientos de reproducción asistida.

Los embriologos suelen ser biólogos, aunque también encontramos veterinarios o farmacéuticos. Han adquirido una especialización en reproducción humana asistida, genética, metodología científica y tienen conocimientos en legislación y bioética aplicadas a la reproducción asistida. Debido a los constantes avances en este campo el embriólogo debe estar en continua formación para poder desarrollar su labor de la mejor manera.

A pesar de dedicar todo su conocimiento adquirido en conseguir la generación de embriones evolutivos, sus funciones no son del todo conocidas. Su trabajo empieza con la revisión de las historias clínicas para poder conocer cada caso en particular y así aplicar las técnicas más adecuadas en cada paciente. Una vez los pacientes inician el procedimiento, las tareas realizadas en el laboratorio por los embriologos son las siguientes:

  • Analizar y procesar las muestras seminales que vayan a ser utilizadas en el tratamiento.
  • Buscar en el líquido folicular los ovocitos obtenidos y prepararlos en función de la técnica que se vaya a realizar.
  • Desempeñar la técnica de fecundación (ICSI o FIV) más adecuada para los pacientes.
  • Valoración de la fecundación y desarrollo embrionario.
  • Clasificación de los embriones según su calidad para poder seleccionar el mejor embrión a transferir.
  • Participación en la transferencia embrionaria mediante la cual el embrión es depositado en el útero materno.
  • Llevar a cabo la biopsia embrionaria en estadio de blastocisto cuando este indicado en el tratamiento.
  • Vitrificación de ovocitos o embriones excedentes y viables para su uso en el futuro.

Además de todas estas funciones el embriólogo es el encargado de mantener y revisar los equipos, vigilar las condiciones ambientales (temperatura, humedad, medición de compuestos volátiles) con el fin de garantizar un sistema óptimo de cultivo embrionario. Así mismo, el día de la transferencia embrionaria el embriólogo junto con el médico informan de forma clara a los pacientes del desarrollo embrionario. Este momento es clave para transmitir confianza al paciente resolviendo todas las dudas surgidas durante el tratamiento.

En resumen, el embriólogo trabaja diariamente con material muy sensible que implica no solo una gran responsabilidad profesional, también una connotación emocional.

El embriólogo clínico, tal y como lo define el Dr. Antonio Urries, embriólogo y presidente de ASEBIR, “es la persona que cuida de vuestro bebé, lo alimenta, lo vigila día a día, minuto a minuto. Atiende todas sus necesidades para que pueda crecer sano y fuerte. Hasta el mimo. Y ahora imaginaos que esto lo hace nueve meses antes de su nacimiento. Justo en el momento que comienza su vida.”

Laura Martí, embrióloga en Instituto Bernabeu.

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