¿Por qué ha fallado mi tratamiento de reproducción asistida? 0El milagro de la concepción, requiere de un íntimo encuentro entre óvulo y espermatozoide, que el embrión fecundado evolucione adecuadamente, pero que además encuentre un ambiente idóneo en el vientre materno para que ocurra la implantación. Todo ese proceso que parece sencillo, es mucho más complejo de lo que nos imaginamos, sobre todo en nosotros los humanos, en los cuales solo un 30% de las concepciones terminan en un nacimiento vivo, a diferencia de otros seres vivos, cuya tasa de fecundidad es mucho más elevada.

Por ello, cuando a través de un tratamiento de Fertilización in vitro, hemos logrado superar los primeros pasos de este complejo proceso, y que, habiendo obtenido embriones para poder ser transferidos al útero, encontrarnos que al final de este trayecto, no consigamos esa ansiada prueba de embarazo positiva, suele generar una gran frustración y es inevitable que os surja la duda de ¿por qué si mi embrión estaba bien, no me he quedado embarazada?

Una de las principales causas de que un tratamiento falle, es la propia calidad del embrión. Como sabemos, los embriones se dejan en las incubadoras del laboratorio, el tiempo necesario para hacer una adecuada selección embrionaria, hasta un máximo de 5 o 6 días. Mientras mejor sea la evolución y mejor calidad alcancen tener, mejores probabilidades tendrán de que implanten.

¿Pero qué pasa cuando los embriones son óptimos en su evolución y aun así no implantan? Lo primero que hay que decir, es que no todos los embriones que parecen ser óptimos llegarán a implantarse y terminar en un nacimiento vivo. Sin embargo, es importante que los embriones sean “cromosómicamente normales”, dicho en otras palabras, el embrión debe estar bien “tanto en su aspecto, como en su estructura genética”.

Los seres humanos solemos generar una proporción de embriones que poseen anomalías cromosómicas (errores en la organización y el número de cromosomas), cuya frecuencia suele ir en aumento a medida que aumenta la edad de la mujer y en otros casos, como por ejemplo factores masculinos severos o padres portadores de anomalías en su cariotipo. Los errores cromosómicos en los embriones, llamados “aneuploidías”, son una de las causas más frecuentes por las que esa implantación no llega a producirse.  Por ello, cuando toca elegir el mejor embrión para transferir, es posible conocer si este no tiene anomalías cromosómicas, haciendo previamente un diagnóstico genético preimplantacional o “screening cromosómico completo” de los embriones.

Sin embargo, existen otras causas por los que un embrión puede no implantarse, como, por ejemplo:

  • Endometrio (capa del útero que anida los embriones) no receptivo.
  • Niveles insuficientes de las hormonas necesarias en el período de implantación (como, por ejemplo, la Progesterona).
  • Transferencias embrionarias difíciles que aumenten la probabilidad de contracciones uterinas con la posibilidad de expeler el/los embrión/es.
  • Úteros con anomalías anatómicas (miomas, pólipos, adherencias, anomalías congénitas en la forma del útero, etc.).
  • Hábitos de vida poco saludables que no favorezcan la implantación (obesidad, tabaquismo, drogas, etc.) o causas ambientales.
  • Causas inmunológicas, entre otras.

A pesar de esto, muchas veces no llegamos a conocer con exactitud el motivo, ya que muchos de estos procesos son complejos y desconocidos, pero lo cierto es que, mientras más embriones podamos transferir, más probabilidades tendremos de lograr el embarazo, Es por ello, que para hablar de “Fallo recurrente de implantación (RIF)”, lo haremos cuando hemos transferido por lo menos 4 embriones de buena calidad, sin lograr gestación.

Dicho esto, debemos distinguir entre “Fallos recurrentes de implantación” y “Fallos repetidos de Fertilización In Vitro (FIV)”. Ya que, en el primer caso, nos referimos a embriones de buena calidad, y en el segundo caso, englobamos todas aquellas situaciones por los cuales no conseguimos gestación evolutiva tras un tratamiento de FIV. En este último caso, la causa más importante es la edad materna avanzada, pero también ocurre cuando los embriones son de calidad subóptima, cuando hay fallos de fecundación, cuando el número de ovocitos obtenidos es bajo por una baja reserva ovárica, por anomalías uterinas, cuando ocurren abortos de repetición o fallos repetidos de implantación.

Encontrar una causa, a veces no es sencillo, sobre todo porque muchas veces la causa no es única. Es por ello que el abordaje de una paciente a la cual le ha fallado un tratamiento, debe ser llevado a cabo por un equipo multidisciplinar e individualizado, orientado en la búsqueda de soluciones basada en cada situación en particular.

Dra. Carolina Tovarginecóloga del Instituto Bernabeu

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