Los teléfonos móviles se han convertido en un dispositivo habitual de nuestro día a día. Ciertamente resulta extraño encontrar personas que no los usen o incluso que no vayan acompañados en todo momento por su teléfono móvil.

Sin embargo, su “explosión” en la última década ha venido acompañada de cierta controversia por sus posibles efectos nocivos para la salud. Estos dispositivos se comunican entre sí mediante radiaciones electromagnéticas de baja potencia, y son precisamente estas radiaciones las que algunos estudios sugieren que podrían provocar distintas alteraciones en el organismo, incluyendo el nivel cardíaco o el sistema nervioso central. Recientemente, la Organización Mundial de la Salud ha clasificado a estos dispositivos como “potencialmente cancerígenos”, si bien aclara que dicha clasificación es de forma “preventiva”, pues ningún estudio disponible hasta la fecha ha demostrado un efecto directo de la telefonía móvil sobre la salud.

De igual manera, en los últimos años han surgido diferentes estudios que alertan sobre un posible efecto nocivo de las ondas electromagnéticas de los teléfonos móviles sobre la calidad espermática. En 2008, un grupo de investigadores realizó un estudio (Agarwal et al., 2008) en el que clasificaron a 341 pacientes en cuatro grupos en función del número de horas de uso del teléfono móvil al día. Tras analizar distintos parámetros de la calidad seminal de estos pacientes (cantidad, movilidad, morfología y viabilidad), los investigadores demostraron que existía una relación evidente entre una peor calidad seminal y un mayor número de horas de uso del móvil, si bien en este estudio sólo se tenía en cuenta el tiempo de uso, y no el tiempo que ese dispositivo estuviese cerca del individuo (por ejemplo, en el bolsillo).

En un estudio mas reciente (De Iuliis, 2009), otro grupo de investigadores aplicó a espermatozoides cultivados en el laboratorio distintas dosis de radiaciones electromagnéticas semejantes a las que se utilizan en telefonía móvil. Tras confirmar que incluso dosis bajas eran suficientes para reducir la movilidad y viabilidad de los espermatozoides, comprobaron que la exposición a estas radiaciones provocaba la acumulación de radicales libres en el contenido celular y un aumento en la fragmentación del ADN, lo que podría explicar la peor calidad espermática.

Por tanto, aunque son escasos los estudios disponibles, existen algunos indicios sobre el posible efecto perjudicial que las ondas electromagnéticas empleadas por los teléfonos móviles pueden tener sobre la calidad del esperma. Resulta por tanto fundamental seguir profundizando en el estudio de estos aspectos, y analizar igualmente el efecto que otros tipos de ondas, presentes también en los teléfonos de última generación (Wifi, bluetooth, infrarrojos…) pudieran tener sobre la calidad espermática.

Mariló Pérez, bióloga del Instituto Bernabeu

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Efectos de los teléfonos móviles en la fertilidad masculina
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