El embarazo anembrionario o “huevo huero” es un tipo específico de aborto en el que el huevo fertilizado se implanta en el útero pero no se desarrolla el embrión. Es un problema relativamente frecuente: un 10-15 % de los embarazos detectados clínicamente se pierden de forma espontánea y una tercera parte de ellos son huevos hueros.

Tras la fecundación, es decir, tras la unión del espermatozoide con el óvulo, comienzan una serie de divisiones celulares que dan lugar a la formación del saco gestacional rodeado de una “concha” o cubierta denominado trofoblasto (y que es el que dará lugar a la futura placenta); en el interior del saco gestacional se desarrollará el embrión. En el caso del embarazo anembrionario se forma el saco gestacional con su cubierta trofoblástica pero no se visualiza el embrión, debido a que éste ha detenido su desarrollo en una etapa muy precoz, antes de alcanzar un milímetro de tamaño, por lo que no puede detectarse en la ecografía.

En la mayoría de casos este tipo de aborto es consecuencia de anomalías genéticas o cromosómicas que se producen en el momento de la fecundación y que impiden el desarrollo adecuado del embrión.

Al inicio de la gestación pueden estar presentes los síntomas típicos del embarazo: ausencia de la menstruación, prueba de gestación positiva, aumento de la sensibilidad mamaria, náuseas, etc. Como la de cualquier tipo de aborto, la evolución de estos embarazos finaliza con su expulsión; la mujer puede notar que los síntomas del embarazo disminuyen o desaparecen y después se produce un sangrado vaginal que va aumentando de intensidad y que, cuando se acompaña de dolor pélvico, indica que la expulsión es inminente.

Mediante la realización de una ecografía en etapas tempranas de la gestación, en la actualidad, podemos detectar estos embarazos anembrionarios, incluso antes de que se produzca el sangrado vaginal. Mediante ecografía transvaginal podemos detectar el embrión tan pronto como a las 6 semanas de gestación. El diagnóstico de embarazo anembrionario se establecerá ante el hallazgo de un saco gestacional, rodeado por el trofoblasto, mayor de dos centímetros y en cuyo interior no se visualice un embrión. En caso de dudas respecto a la fecha de la última regla es preferible repetir la ecografía a los 7-10 días, antes de precipitarnos en establecer el diagnóstico de huevo huero. Si transcurrido este tiempo seguimos sin visualizar el embrión, tendremos un diagnóstico de certeza.

Una vez realizado el diagnóstico se procederá a la evacuación uterina mediante tratamiento médico o la realización de un legrado.

Si se presenta con una evolución normal, un aborto de estas características no tiene implicaciones reproductivas futuras. Tras realizar el tratamiento oportuno, si lo desea y después de esperar 2-3 ciclos menstruales, la mujer puede intentar quedar de nuevo embarazada.

En caso de que se sucedan dos o más abortos consecutivos, es aconsejable realizar un estudio para diagnosticar cual es el problema que impide la evolución  normal de la gestación.

Dra. Ana Palacios, ginecóloga del Instituto Bernabeu.

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