Hemos venido llamando citología ginecológica a la citología cérvico-vaginal. Y quizás se sigue reconociendo de este modo sin pensar que se le está rindiendo homenaje a tantos y tantos ginecólogos que fueron los primeros que confiaron en ella y a los que debemos su ulterior desarrollo.

El internacionalmente conocido como “test de Papanicolau“(Pap-test para muchos) representa una pequeña injusticia. El primero en afirmar y publicar que la citología diagnosticaba el cáncer de cuello uterino no fue George Papanicolaou sino un ginecólogo rumano llamada Aureli Babes. Lo que ocurrió fue que este último lo publicó en Europa en tanto que el primero lo hizo en una revista norteamericana. Y aquí serían obvias las explicaciones.

Un paréntesis sería aclarar que Babes lo comunicó en Bucarest en 1927 y que Papanicoloau, desconociendo los trabajos del primero, comunicó lo mismo en Michigan un año más tarde. Babes lo publicó en una revista francesa de prestigio en 1928 y Papanicolaou lo hizo en una revista norteamericana en 1941  ignorando de nuevo los trabajos del médico rumano. Uno y otro no gozaron de la confianza  de los clínicos que se resistieron durante años a utilizar el método. Lo cierto es que durante más de cincuenta años la citología ginecológica ha contribuido de manera eficaz al diagnóstico del cáncer de cuello uterino y sus etapas anteriores, evitando así la muerte de millares de mujeres.

En resumen puedes decir que el mayor enemigo durante muchos años del cáncer de cervix ha sido la citología cervicovaginal.

Fue en 1976 cuando Alexander Meisels publicó cambios en las células debidos al virus del papiloma humano. También gozó de la desconfianza de sus contemporáneos y años más tarde este hallazgo fue confirmado. Ello supuso un gran avance en el conocimiento de la causa del cáncer de cuello uterino. Es decir se supo que esta causa era la infección por el virus del papiloma humano.

En una segunda etapa de los últimos años la citología seguía utilizándose en la búsqueda  de alteraciones celulares y tras ello se debería realizar el estudio que averiguara si estaba presente el virus.

Con la aplicación de nuevos métodos de investigación como es la búsqueda del citado virus, la citología quedó relegada a un segundo término. Ésta debería utilizarse en los casos en los que estuviera presente alguno de los tipos (genotipos) virales. Es decir en un orden inverso al anteriormente descrito.

Otro paréntesis es necesario. La citada búsqueda se conoce con el nombre de cribado. Cribado que se llama poblacional si se pretende estudiar a todas las mujeres de una comunidad, región ó estado, y que recibe el nombre de cribado oportunista si se realiza tan sólo a las mujeres que acuden a una consulta ginecológica.

Pues bien, hay evidencias relativamente recientes de que la búsqueda de la presencia del virus del papiloma humano como primera prueba seguida de la citología es mejor que la citología a solas. Pero!! Y aquí surge un importante factor. Las pruebas o análisis para investigar la presencia del virus enemigo tienen un alto precio. Ello lo hace inviable para una gran mayoría de comunidades, regiones o países. Sólo las naciones desarrolladas y con un elevado estado de bienestar social y sanitario lo pueden  costear, quedando excluidas ya no tanto las subdesarrolladas ó las llamadas eufemísticamente en vías de desarrollo o emergentes, sino también las que estamos sufriendo un claro retroceso socioeconómico gracias a la tan bien conocida y sufrida CRISIS.

Así pues,  nos queda el consuelo de que si queremos continuar salvando vidas tendremos que seguir contando con una citología de calidad realizada al mayor número de mujeres.

La CITOLOGÍA GINECOLOGICA  seguirá siendo la salvadora porque es un método  rápido, fácil y económico.

En suma la CITOLOGÍA GINECOLOGICA ha sido y sigue siendo LA BUENA AMIGA  de nuestras mujeres.

Dr. Eduardo Vilaplana, ginecólogo del Instituto Bernabeu.

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