instituto bernabeuEl azar es algo determinante en nuestras vidas. El lugar en el que nazcamos, nuestra sociedad y sus recursos, determinarán nuestro acceso a la cobertura de necesidades básicas como la salud o la educación. Concretamente, el limitado acceso a los servicios sanitarios o a la salud ginecológica afecta a millones de mujeres y niñas a lo largo del Planeta y lo hace de forma distinta según la región en la que habiten.

Las desigualdades según la región o país y el acceso de las mujeres a los servicios de salud especializados, como la ginecología o la obstetricia, han sido analizados por numerosos organismos que velan por los derechos básicos de las personas. Para la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en la actualidad continúan existiendo “grandes dificultades” a las que se “siguen enfrentando muchas niñas y mujeres para disfrutar de un derecho humano fundamental, como es el acceso a servicios básicos de salud”.

La Organización Mundial de la Salud, por su parte, pone el punto de mira en varios retos pendientes de superar: falta de acceso a información y servicios de salud, falta de educación sexual, embarazos en niñas y adolescentes, falta de acceso a controles durante el embarazo, asistencia precaria en partos o falta de seguimiento de la salud ginecológica de la mujer en general.

La resolución de estos problemas se ralentiza por el nivel de pobreza de algunos países y regiones del planeta. De hecho, se estima que unos mil millones de personas viven en la pobreza en el mundo, “de los cuales la mayoría son mujeres”, aseguran desde la Plataforma de Acción de Beijing, organismo para la mujer promovido por Naciones Unidas.

Esta Plataforma, que este año cumple su vigésimo aniversario, asegura que “cada año, más de 15 millones de niñas de entre 15 y 19 años de edad traen hijos al mundo” lo que implica “un riesgo para la salud de la madre” e “impide la mejora de la condición educativa, económica y social de la mujer”. Para este organismo “deben eliminarse todos los obstáculos a fin de permitir la igualdad de acceso a la salud”.

Pero del mismo modo en que todos estos organismos y entidades que velan a nivel mundial por los derechos y la salud de la mujer exponen las dificultades, retos y desigualdades, también lanzan soluciones y un mensaje de futuro. “No es una utopía aspirar a una asistencia sanitaria de calidad, integral y asequible”, aseguran desde La Organización Panamericana de la Salud.

La solución en la que coinciden todos ellos es la educación en salud, tanto dirigida a las mujeres, como a los facultativos y especialistas en salud ginecológica que las tratarán. “La educación es fundamental para vencer las desigualdades de género”, aseguran desde XII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe. La Plataforma de Acción de Beijing añade que es necesario “velar por que las muchachas, sobre todo las adolescentes, reciban educación e información en materia de fisiología reproductiva, salud reproductiva y salud sexual”. Este organismo de Naciones Unidas insta a los gobiernos a “fortalecer y reformar la educación sanitaria y los servicios de salud, sobre todo los programas de atención primaria de la salud, incluidas la salud sexual y reproductiva”.

La OMS añade que es imprescindible “la investigación científica y el respaldo nacional e internacional”. En este sentido, y en cuanto a la educación y formación de especialistas en ginecología, la colaboración entre países, regiones y también entre profesionales es fundamental. Ese es el caso del ginecólogo alicantino Eduardo Vilaplana, miembro de honor de la Asociación Mejicana por la UNESCO por su labor desinteresada en la formación de países latinoamericanos en la detección del cáncer ginecológico. Vilaplana, que ha desarrollado su labor profesional en el Instituto Bernabeu de Alicante, realizó su primer viaje en 1988 para ayudar a formar especialistas en la detección del cáncer ginecológico. En esa ocasión fue a Chile, pero después llegaron México, Cuba, Guatemala, Venezuela o Argentina. Para este experto el viajar a otros países para ayudarles de forma “totalmente desinteresada” en su formación le ha supuesto “una larga experiencia muy enriquecedora. He conocido sistemas distintos a los nuestros y sobre todo gente entrañable, gente de todos los estratos sociales y profesionales de los que he aprendido mucho”.IMG_3582 LOW

Desde que en 1988 realizó su primer viaje a Latinoamérica la formación general que tienen los médicos en salud ginecológica en esos países “ha mejorado en líneas generales. Aunque se ha detenido en algunos países por razones político-económicas”, asegura. Para el Dr. Vilaplana, “lo que hace falta, cómo no, es ayuda. Y esta ayuda se refiere a dinero y a voluntad política, que viene a ser lo mismo”. Al contribuir en la formación de especialistas en la detección del cáncer ginecológico, iniciativas como la de este profesional ayudan a salvar las vidas de muchas mujeres.

Como el Dr. Vilaplana, otros profesionales y organizaciones “están ayudando a niveles muy distintos” en la formación de especialistas en salud ginecológica y en la mejora de las condiciones de salud de millones de mujeres y niñas a lo largo del mundo. Un ejemplo es la ONG Enfermeras por el mundo, que en 2014 ha desarrollado un proyecto en educación para la salud sexual y reproductiva en Senegal que ha beneficiado a más de 100.000 personas, en su mayoría mujeres y adolescentes. En la actualidad tiene otro proyecto similar en marcha.

Otro caso es el de Cruz Roja, que desarrolla programas de cooperación internacional para mejorar las condiciones de vida de muchos países y regiones. También la ONG Médicos sin fronteras, que en 2013 atendió casi 27.000 partos o más de 100.000 consultas prenatales en 24 países a lo largo del mundo. Por su parte, la Fundación Vicente Ferrer desarrolla en la India toda una labor en torno a la salud de la mujer, donde ha creado una red de hospitales y forma a especialistas y personal sanitario. Hasta el 2013 sus centros sanitarios habían atendido a más de 700.000 personas, la mayoría mujeres.

Afortunadamente, son numerosas las iniciativas activas destinadas a ayudar y fomentar una mejor salud de la mujer sin distinción de su cultura o de la región en la que vive, en particular una mejor atención y cobertura ginecológicas. “Al mejorar la salud de la mujer en todos los aspectos, contribuimos a mejorar su calidad de vida, a mejorar las sociedades en las que viven”, aseguran desde una de las ONG. Y es que, según palabras de la Secretaria General Adjunta de Igualdad entre los Géneros y Empoderamiento de la Mujer (ONU-Mujeres), Michelle Bachelet, “las mujeres son la mejor inversión para la democracia”.

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La salud de la mujer en el mundo, situación y retos
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