Inmunoterapia con linfocitos del padre para la anidación del embrión. Sin evidencias que avalen su beneficio. Instituto Bernabeu

Como todos sabemos, nuestro sistema inmune es el encargado de protegernos frente a agentes que pueden causarnos enfermedad, como es el caso de bacterias o virus.  En líneas generales, el sistema inmune detecta si un agente es extraño al organismo y desencadena una reacción con el fin de acabar con él. Esto ocurre así, salvo en el caso de las enfermedades autoinmunes, en las que debido a diferentes errores las células propias son detectadas como ajenas y, consecuentemente, son atacadas.

Si pensamos en la implantación y posterior desarrollo del feto en el útero materno, este evento se plantea como totalmente excepcional desde el punto de vista inmunológico ya que un organismo va a tolerar durante 9 meses a otro con una dotación genética e inmunológica diferente a la suya. Esta tolerancia a nivel uterino parece depender de un equilibrio muy delicado en el que están implicados un gran número de factores.

En la práctica clínica, dos de las situaciones más recurrentes que nos encontramos son el fallo de implantación y los abortos de repetición. Son dos eventos en ocasiones altamente complicadas de atajar ya que todavía no se posee suficiente conocimiento al respecto y a su carácter altamente multifactorial. Dentro de estos factores, parece que el sistema inmune puede tener un papel importante. Por ello, ha sido y sigue siendo objeto de estudio.

De estas investigaciones han surgido diferentes terapias pero no todas ellas con la suficiente evidencia científica.

Este es el caso de la inmunoterapia con linfocitos paternos. Consiste en aplicar a la paciente inyecciones intradérmicas compuestas por linfocitos (células del sistema inmune) del futuro padre, lo que supuestamente genera una reacción inmune materna que ayudaría a la aceptación del embrión evitando un rechazo que acabe en aborto o no embarazo.

Cabe remarcar que la inmunoterapia con linfocitos, aplicada en casos de fallos de implantación o abortos sin aparente causa, está prohibida por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y no recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), debido a la insuficiente evidencia científica y a los posibles efectos secundarios derivados de su empleo.

Lograr el embarazo, el correcto desarrollo del mismo y por último un bebé sano en casa debe ser el objetivo fundamental. Pero todo ello desde la evidencia, la seguridad y la honestidad en los tratamientos reproductivos ofrecidos.

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Laura Cascales, bióloga en Instituto Bernabeu

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