¿Qué pasa con el óvulo no fecundado?

En relación con la morfología normal en cuanto al tamaño que presenta un ovocito maduro, ésta suele hallarse entre 110-115 micras y está rodeado de una membrana denominada oolema, la cual contiene el citoplasma, donde se encuentran los orgánulos y el núcleo del ovocito.  La presencia en el mismo del corpúsculo polar, nos indica que el ovocito es maduro, pero se requiere de un intervalo de tiempo tras su extrusión, para que el citoplasma pueda madurar completamente. Los ovocitos recuperados tras la punción folicular están rodeados de células de la granulosa, imprescindibles para la maduración del mismo. Tradicionalmente, la valoración de la maduración del ovocito se basaba en el grado de expansión del cúmulo. La aparición de la microinyección espermática (ICSI), y la imprescindible denudación (eliminación de las células de la granulosa) de los ovocitos para la realización de la técnica, nos ha permitido poder valorar con mayor exactitud su grado madurativo y también parámetros relevantes de su morfología, que a posteriori, se podrían correlacionar con las probabilidades de éxito del tratamiento de fecundación in vitro (FIV).

Normalmente, el 85% de los ovocitos recuperados tras un ciclo de estimulación ovárica son ovocitos maduros y por lo tanto son aptos para realizar un tratamiento donde se aplique la técnica ICSI. El 15% restante de los ovocitos son inmaduros; éstos, normalmente, en la mayoría de los laboratorios de FIV se suelen descartar, lo que, cuando la respuesta ovárica entra dentro de los resultados de recuperación de un número de ovocitos que se considera normal, no debe mermar las probabilidades de gestación. Si se obtiene un elevado número de ovocitos inmaduros, el rescate y uso de estos ovocitos que, a priori, no serían aptos para el tratamiento, podría ser de gran utilidad, en el caso en el que se produjese su maduración posterior.

Los ovocitos que se obtienen tras un ciclo de estimulación ovárica y se encuentran en estadio inmaduro, aunque posteriormente maduren in vitro, tendrán un menor potencial reproductivo que los ovocitos que son ya maduros desde el inicio. Por este motivo, aunque el rescate de los ovocitos inmaduros no se presente como un procedimiento muy eficiente de cara a la mejora de los resultados del tratamiento, si puede brindar una oportunidad para aumentar ligeramente la tasa de ovocitos fecundados o blastocistos obtenidos al final del tratamiento; siempre teniendo en cuenta el potencial limitado de estos ovocitos desde su inicio.  Además, un limitante en la aplicación práctica de la maduración de ovocitos in vitro en el laboratorio, es la variabilidad del tiempo que tarda en ocurrir este evento, dependiendo de cada ovocito.

Por último, y al hilo de lo comentado anteriormente, el número obtenido en la punción folicular de ovocitos maduros tanto a nivel del citoplasma, como a nivel del núcleo desde el inicio del tratamiento, determinará las probabilidades de éxito del mismo y será sin duda un factor limitante. Si es cierto que, de presentase un porcentaje elevado de ovocitos inmaduros tras la punción ovárica, cabe la posibilidad de realizar un cultivo in vitro de los mismos para intentar el rescate tras la maduración de alguno de ellos que a priori eran inmaduros.

Mª Carmen Díaz, bióloga en Instituto Bernabeu.

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