Instituto BernabeuSe estima que el riesgo de contraer el VIH en una relación sexual sin protección es de entre el 0,5 y el 1%. En casos de parejas serodiscordantes (en donde solo uno de los miembros es portador de la enfermedad) la búsqueda de un hijo de manera natural puede suponer un elevado riesgo de trasmisión. En estos casos, las técnicas de reproducción asistida son una gran opción para obtener gestaciones evitando que la infección se transmita a la pareja y a la descendencia.

Antes de realizar cualquier tratamiento de reproducción asistida con este tipo de pacientes , se debe realizar un estudio exhaustivo de fertilidad tanto para el hombre como para la mujer, y así poder seleccionar el tratamiento más adecuado. En cualquier caso, las tasas de éxito son normalmente elevadas, pues en la mayoría de los casos no hay problemas reales de fertilidad, y el tratamiento se realiza sólo como una forma de reducir al mínimo la posibilidad de contagio de la enfermedad.

Si el infectado por VIH es el hombre

En primer lugar, es importante determinar que el paciente se encuentre con una carga viral indetectable antes de realizar el tratamiento. A continuación, se llevaría a cabo un lavado seminal para separar los espermatozoides del plasma seminal, que es donde se concentra la mayor cantidad de partículas virales. Una vez separados, se analiza la carga viral en una fracción de la muestra de espermatozoides, y si no hay partículas virales, la muestra puede utilizarse para técnicas de reproducción asistida con riesgos mínimos, ya sea para una inseminación artificial, o una fecundación in vitro convencional (FIV) o con inyección intracitoplasmática (ICSI) según las condiciones de la muestra seminal. No obstante, suele recurrirse al ICSI ya que tras el lavado seminal el número de espermatozoides disponibles y su motilidad disminuyen, y además el hecho de seleccionar e introducir un único espermatozoide por ovocito hace que el riesgo de infección vírica sea prácticamente nulo.

Si el infectado por VIH es la mujer

Para llevar adelante un embarazo es necesario que la paciente tenga una carga viral en sangre muy reducida, y un buen estado inmunológico, o de lo contrario podrían surgir complicaciones durante el embarazo. Desde el punto de vista reproductivo, si no existe ninguna causa de esterilidad, es suficiente con realizar una inseminación artificial para evitar el contacto sexual sin protección, utilizando semen fresco, o lavado si el varón también presenta el VIH, aunque como se mencionó anteriormente, en casos de varones con VIH la técnica de elección sería el ICSI.

Junto con las técnicas propias de reproducción asistida, será importante en estos casos tomar precauciones especiales durante el desarrollo de la gestación, en el parto o la lactancia para evitar el contagio a la descendencia: realizar un exhaustivo control del embarazo, recurrir al parto por cesárea (para minimizar el contacto de la sangre materna y fetal), o no amamantar al bebé (ya que a través de la lactancia materna se puede transmitir el virus).

Por tanto, las técnicas de reproducción asistida suponen una gran opción reproductiva en parejas en las que uno o los dos progenitores son portadores del virus VIH, pues disminuyen enormemente las posibilidades de contagio. Hasta la fecha, no se ha producido ningún caso de seroconversión de la mujer tratada ni de infección del bebé. Para ello, las clínicas cuentan con todos los elementos necesarios de seguridad biológica para eliminar el riesgo de cualquier transmisión.

Mariló Pérez, bióloga del Instituto Bernabeu.

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