En la especie humana, el número de ovocitos que poseerá una mujer a lo largo de toda su vida se encuentra determinado antes del nacimiento de la misma, iniciándose periódicamente su reclutamiento, crecimiento y maduración durante más de cincuenta años.

Estos ovocitos no son unidades aisladas, sino que forman parte, junto con las células de la teca y de la granulosa, de una estructura más compleja que es el folículo ovárico. Durante el desarrollo y maduración de estos folículos (foliculogénesis) se dan una serie de eventos que aseguran la correcta formación y liberación de ovocitos maduros competentes.

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Por tanto, al nacer, el ovario dispone de una población finita de folículos primordiales (estadío más inmaduro) que permanecen en ese estado un largo periodo de tiempo. Cuando se alcanza la edad reproductiva, solo una parte de esos folículos primordiales entrarán en fase de crecimiento y diferenciación celular pasando a formar folículos primarios.

Durante esta fase, se produce la comunicación entre las células que rodean al ovocito y este, asegurando el intercambio de nutrientes y pequeñas moléculas que permiten su crecimiento y paso a folículo secundario. En este punto, y debido a la acción de la FSH y los estrógenos, se produce la acumulación de líquido folicular en los espacios entre las células de la granulosa. Este líquido, finalmente se termina agrupando en una estructura llamada antro que va a dividir a las células de la granulosa en dos poblaciones distintas. Dicho depósito de líquido juega un papel fundamental en la correcta nutrición y sustento tanto del ovocito como de las células asociadas. Finalmente, un único folículo alcanza el estadio de madurez completa, produciéndose en este punto la liberación del ovocito que contiene (ovulación).

En los ciclos de reproducción asistida, a través del aporte hormonal externo, se promueve la diferenciación y maduración completa de más de un folículo, con el fin de obtener el número óptimo de ovocitos para realizar el ciclo. De forma previa a que se produzca la ovulación, se realiza la punción de cada uno de estos folículos aspirando el líquido que contienen para, consecuentemente, obtener los ovocitos embebidos en él. Ya en el laboratorio, este líquido folicular es analizado a conciencia por los/las embriólogos/as con el objetivo de localizar los ovocitos que serán posteriormente empleados en las técnicas que correspondan según el caso ante el que nos encontremos.

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Laura Cascales, bióloga en Instituto Bernabeu.

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