instituto bernabeuEs el milagro de la vida: la fecundación y reproducción humanas. Un proceso minucioso y perfecto que permite que dos células se unan y creen otra que evolucionará hasta llegar a transformarse en un nuevo ser.

Desde los inicios de la humanidad, esa capacidad de crear vida ha sido considerada objeto de culto y veneración. Del mismo modo, la dificultad para lograr la maternidad, y más cuando se suceden los intentos fallidos, es fuente de frustración por parte de los padres. Pero la ciencia, una vez más, avanza para buscar respuestas y ofrecer soluciones. Y es que en la actualidad, y gracias a los avances tecnológicos y la innovación en reproducción asistida, conocemos con precisión cada uno de los pasos de la fecundación, hecho que nos ayuda a entender las razones por las que precisamente y en ocasiones de forma repetida, no se culmina con un embarazo sano y viable.

Todo empieza cuando de entre cientos de miles de espermatozoides sólo uno de ellos alcanza con éxito el óvulo en una de las trompas de Falopio y lo fecunda, creando una nueva célula: el cigoto. Durante los siguientes días, éste comienza a descender lentamente hacia el útero donde deberá superar una prueba fundamental de extraordinaria complejidad: la implantación embrionaria.

La implantación es la adherencia al útero y es lo que permitirá en un futuro que el feto obtenga oxígeno y nutrientes de la madre para su adecuado desarrollo y crecimiento. Pero para que esa implantación sea efectiva, el cigoto deberá ser suficientemente fuerte para lograrlo, el útero materno deberá estar también preparado para recibirlo y, además, la comunicación entre ambos habrá de ser la adecuada. Por lo que en ocasiones, y si no se da alguna de esas razones, esa implantación puede no llegar a culminarse con éxito. Sólo 1 de cada 4 embriones logra anidarse en el útero, por lo que esta primera prueba para el embrión resulta ser “el gran reto y la gran desconocida”, según explican los especialistas del Instituto Bernabeu de Alicante.

Si esta situación se repite en ocasiones sucesivas podríamos estar ante un fallo de implantación, que se refiere tanto a aquellas pacientes que no logran la gestación tras varios tratamientos de Fecundación In Vitro (FIV) como a aquellas que lo hacen pero sufren un aborto temprano de forma repetida. Las razones que explicarían este hecho son diversas. Por una parte, la respuesta podría estar en el propio embrión y su composición. Hay que tener en cuenta que es un elemento extraño para el sistema inmunitario materno porque no tiene las mismas proteínas y constitución que los tejidos de la madre, ya que contiene también células del padre. Por esa razón, el sistema inmunitario materno intentará rechazarlo ya que le resulta extraño. El embrión deberá por tanto resistir ese posible ataque del sistema inmunitario de la madre, que en algunos casos logrará que no se implante y, por tanto, que no se alcance el embarazo. Además del factor embrionario, en el origen del fallo de Implantación o de aborto de repetición hay también implicados factores maternos y paternos.

La ciencia, la investigación y los avances tecnológicos son, hoy en día, aliados para conocer mejor esos factores y poder así aplicar tratamientos y soluciones específicas para superarlos. En este sentido, la Unidad de fallo de implantación del Instituto Bernabeu estudia cada caso en particular y lo hace con un equipo formado por médicos, embriólogos y biólogos moleculares. “Hemos desarrollado un programa con protocolos específicos para tratar los abortos de repetición o los tratamientos infructuosos de reproducción asistida. Mediante el abordaje multidisciplinar podemos llegar a diagnosticar y, por tanto, a tratar, de forma satisfactoria estos problemas”, explica el Dr. Rafael Bernabeu, director médico del Instituto Bernabeu de Alicante.

“La contribución materna es la más compleja”, explican desde el Instituto Bernabeu de Alicante. Así, desde la Unidad de fallo de implantación se observa el útero materno y se descarta cualquier factor que afecte a la receptividad uterina. Además, y gracias a un nuevo sistema ecográfico, se miden el volumen endometrial y la vascularización, también fundamentales para determinar esa capacidad uterina de implantación. También se estudian los ovarios para comprobar que no existe ningún trastorno que pudiese impedir la implantación del embrión. Respecto a los factores paternos, es fundamental conocer “el porcentaje de espermatozoides que portan ADN fragmentado y su dotación cromosómica, ya que nos permite descender a niveles muy detallados de la aportación del padre al futuro embrión”, explican los especialistas del IB.

Además, tanto en la madre como en el padre se estudian sus cromosomas, ya que contienen la carga hereditaria que recibirá el embrión. La transferencia de embriones cromosómicamente normales hará que se reduzca drásticamente el riesgo de aborto. En este sentido, ya se está aplicando una nueva técnica, el Array-CGH, que detecta a un nivel mucho más sensible y preciso cualquier alteración en el ADN, permitiendo alcanzar niveles de diagnóstico 10 veces superior a las pruebas anteriores.

El fallo continuado de la implantación del embrión o los repetidos casos de aborto cuando el embrión ya llevaba unas semanas anidado al útero materno, son situaciones que pueden generar frustración en la pareja pero que en la actualidad pueden solucionarse gracias a la innovación científica y tecnológica aplicadas a la reproducción asistida.

Esos avances permiten que cada día podamos conocer mejor y con una precisión impensable hace unos años el útero materno o los espermatozoides del padre, pero también nos aporta nueva información genética del embrión, el gran protagonista del proceso de la fecundación humana. Pruebas vanguardistas, información detallada del ADN, profesionales cada vez más especializados o nuevas y precisas técnicas de reproducción asistida se unen con un objetivo único: lograr que un grupo de células encuentren su lugar en el útero materno, evolucionen y se transformen en un nuevo ser.

Si desea puede concertar una

La implantación embrionaria, prueba clave
Valoración