La azoospermia se define como la ausencia de espermatozoides en el eyaculado, y generalmente se clasifican como obstructivas o secretoras. En las azoospermias obstructivas los espermatozoides no pueden seguir su recorrido desde el testículo a la uretra a través de las vías seminales, pero, y esto es importante, la formación de espermatozoides en el testículo (espermatogénesis) está conservada.

Son varias las causas de esta patología, aunque las que más comúnmente encontramos en la consulta son la agenesia de deferentes, pacientes vasectomizados, u obstrucciones originadas por algún traumatismo o cirugía. Existen situaciones especiales en las que no existe una obstrucción real, sino un problema a la hora de obtener el eyaculado, como ocurre en pacientes con lesiones medulares,  diabéticos, pacientes tratados con ciertos medicamentos, o como en el caso de la eyaculación retrógada, donde el fluido seminal con espermatozoides se vierte en la vejiga en lugar de hacerlo en la uretra. Todos estos son casos con buen pronóstico en los que es prácticamente seguro encontrar espermatozoides con una sencilla intervención denominada PAAF (Punción y Aspiración con Aguja Fina).

Por otro lado, en la azoospermia secretora el proceso de formación de espermatozoides en el testículo está alterado. Pueden deberse a alteraciones cromosómicas, como el síndrome de Klinefelter (cariotipo 47XXY), o microdeleciones del cromosoma Y, que consiste en la pérdida de material genético implicado en la espermatogénesis. Otras causas pueden ser las criptorquidias bilaterales (descenso incompleto de los testículos a la bolsa escrotal), torsiones testiculares, traumatismos, procesos infecciosos (ej. paperas en la adolescencia), tratamientos de radio-quimioterapia… El pronóstico en este tipo de azoospermias es incierto, y la probabilidad de encontrar focos de espermatogénesis conservada va a depender de muchos factores. Existen distintos parámetros que se han intentado correlacionar con la presencia de espermatozoides, como el nivel sérico de FSH, el tamaño testicular, o el cariotipo, aunque ninguno de ellos ha demostrado ser determinante.  En estos casos se opta por una biopsia testicular múltiple de ambos testículos para aumentar las posibilidades de encontrar espermatozoides, que  se estima se produce en el 50% de los casos. Los pacientes deben tener clara esta situación y cuáles son las opciones de las que disponen, como el semen de donante o la vitrificación de ovocitos para dar tiempo a la toma de decisiones o a que se resuelva su situación si procede (aunque es raro, algunos tipos de azoospermias revierten con el tiempo). Otra opción es hacer la biopsia testicular previa estimulación ovárica y congelar la muestra en el caso de encontrar espermatozoides.

El objetivo final, tanto del PAAF como la biopsia, es obtener en el laboratorio espermatozoides suficientes para microinyectar los ovocitos recogidos. Para ello, el material testicular recogido es disgregado con hojas de bisturí y examinado bajo el microscopio en búsqueda de espermatozoides. Las tasas de fecundación obtenidas con estos espermatozoides, aunque algo menores, son comparables a las obtenidas con espermatozoides procedentes de eyaculado, aunque esto va a depender en gran medida de las características de cada caso.

En definitiva, la combinación de la ICSI con las técnicas quirúrgicas de recuperación espermática va a permitir dar solución a los problemas reproductivos de un alto porcentaje de estos pacientes azoospérmicos.

Jaime Guerrero, biólogo del Instituto Bernabeu.

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La azoospermia en el laboratorio de FIV
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