Instituto BernabeuEl eje reproductor está constituido por el hipotálamo, la hipófisis y las gónadas. Para su correcto funcionamiento requiere una integridad anatómica y funcional, conexiones nerviosas y un adecuado ambiente endocrino y metabólico. Cualquier anomalía en alguno de estos niveles puede alterar la función reproductiva normal.

El tejido adiposo es el mayor órgano endocrino del cuerpo humano implicado, entre otras cosas, en la función reproductiva.

Es conocido el importante papel que desempeña el peso corporal en el inicio del desarrollo puberal y en el mantenimiento de la menstruación.

El Índice de Masa Corporal (IMC) o índice de Quetelet, se define como la fracción entre el peso corporal en kilogramos y la talla en metros al cuadrado.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), establece el límite superior de peso normal en 25 kg/m2. Se considera sobrepeso cuando el IMC se sitúa entre 25 y 29’9kg/m2 y obesidad si el IMC es superior a 30kg/m2. a su vez la obesidad se dividiría en tipo 1 (30-34’9), tipo 2 (35- 39’9) y tipo 3 (superior a 40kg/m2) siendo el riesgo de que aparezcan problemas y enfermedades cada vez mayor.

El sobrepeso y la obesidad se han convertido en las últimas décadas en uno de los principales problemas de salud de la sociedad actual.

Que la obesidad interfiere en la capacidad reproductiva es un hecho constatado por múltiples estudios. La subfertilidad derivada de la obesidad, en especial si esta es de predominio abdominal, se constata tanto en las mujeres que buscan gestación de forma espontánea como en el peor pronóstico de aquellas mujeres que se someten a técnicas de reproducción asistida (TRA). Este efecto se puede deber a alteraciones del ciclo menstrual (amenorrea u oligomenorrea, es decir, ausencia de menstruación o menstruación escasa) o a una influencia negativa sobre el desarrollo folicular, el ovocito, el embrión o el endometrio en mujeres eumenorreicas (con reglas normales)

Existe una disminución del 30% en las tasas de éxito de las TRA en mujeres con obesidad, además de un 30% más de tasas de aborto. Así mismo, durante el embarazo supone un mayor riesgo de enfermedades y mayor número de anomalías congénitas del futuro niño.

Se considera bajo peso corporal cuando el IMC es inferior a 20kg/m2 y puede deberse tanto a una restricción alimentaria como al aumento de las demandas energéticas del organismo (ejercicio intenso, enfermedad, etc).

La pérdida de peso drástica y rápida produce una amenorrea (ausencia de menstruación durante 3 meses o más) que condiciona la infertilidad.

Las mujeres con bajo peso presentan un retraso de la menarquia, en la ovulación o incluso alteración de los ciclos menstruales ya establecidos. Las causas radican en una alteración del eje hipotálamo-hipófisis y por tanto en una alteración de la menstruación y subfertilidad.

No está claro el efecto del bajo peso sobre la tasa de éxito en las TRA.

Por tanto, IMC inferiores a 20 o superiores a 25 se asocian a una mayor tasa de abortos, tanto en gestaciones espontáneas como tras TRA.

Desde el punto de vista de salud reproductiva, se considera ideal un IMC entre 20 y 25 kg/m2.

En casos de obesidad mórbida, debe recomendarse evitar la gestación y solicitar valoración y tratamiento previo en un centro especializado.

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Influencia del índice de masa corporal (IMC) en la fertilidad natural y en las técnicas de reproducción asistida (TRA)
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