Han pasado casi 30 años desde el primer embarazo obtenido empleando embriones criopreservados (Trounson y Mohr, 1983).  Desde entonces, su número crece progresivamente en todos los Bancos de los centros de reproducción asistida debido, principalmente, a la optimización de los tratamientos reproductivos. Se trata de que con un único ciclo de estimulación ovárica, se obtengan un número adecuado de embriones de buena calidad, suficientes para su transferencia en fresco, y además para su criopreservación. Estos embriones podrán ser empleados para futuros intentos de gestación, si bien la pareja puede decidir donarlos con fines reproductivos, designarlos a proyectos de investigación específicos, o descartarlos. Sin embargo, la evidencia general es que muchas parejas, principalmente las que consiguen el embarazo en el primer intento en fresco, optan por mantenerlos congelados sin una finalidad o planificación específica de futuro.

En la especie humana, el periodo de almacenaje de los embriones en nitrógeno líquido a ‐196 °C aporta resultados contradictorios respecto a su viabilidad posterior y capacidad para generar un embarazo evolutivo.  No obstante, estudios realizados en animales, así como modelos teóricos, especulan con la posibilidad de que los embriones de mamífero serían evolutivos incluso tras periodos de almacenaje de miles de años.

Sorprendentemente, la realidad es que existen muy pocos datos clínicos disponibles que arrojen luz sobre esta cuestión tan importante para las parejas y los profesionales. Para nuestra tranquilidad, la serie más larga publicada hasta la fecha (análisis de 11.768 embriones congelados) no obtuvo resultados negativos sobre la tasa de supervivencia embrionaria y embarazo relacionados con el tiempo de almacenamiento (Riggs y cols. 2010). Aunque la mayoría de embriones estuvieron menos de 5 años criopreservados, también se recogen periodos de incluso 13 años.  Recientemente, se ha publicado un nacimiento después de 19.6 años de almacenamiento (Dowling-Lacey y cols., 2011).

En general, parece que los embriones humanos son bastante estables a ‐196 °C y no hay efectos deletéreos sobre la implantación y embarazo. Sin embargo, hay una falta clara de estudios de seguimiento de los niños nacidos de estos embriones criopreservados. De hecho, no hay ningún trabajo de seguimiento tras emplear la técnica de vitrificación, que es la que ha desbancado a nivel mundial a la clásica congelación lenta.

Finalmente, recordar que estamos dando por hecho que las condiciones de los Bancos, y en general de los laboratorios, están estrictamente controladas. Una mala praxis, por ejemplo en el llenado de los tanques o en la apertura de los mismos, podría provocar un incremento de la temperatura en su interior y condicionar la supervivencia post-descongelación.

Dr. Jorge Ten, Director Unidad Biología de la Reproducción del Instituto Bernabeu

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Embriones criopreservados: ¿afecta el tiempo de almacenaje en el banco a su viabilidad posterior?
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