IMG_0583Un cribado prenatal consiste en utilizar un test o prueba en una población de mujeres embarazadas. A partir del resultado de este cribado se puede identificar a las embarazadas de alto riesgo para que el feto presente determinadas anomalías cromosómicas. A aquellas mujeres cuya prueba indica un alto riesgo se les ofrece la posibilidad de confirmar dicho riesgo mediante una técnica invasiva, generalmente amniocentesis, con cierto riesgo para el feto.

Para la realización de este cribado prenatal se utilizan determinados marcadores bioquímicos en sangre materna (producidos por la placenta y NO por el feto) que han ido evolucionando con los años así como también marcadores ecográficos.

En la actualidad, mayoritariamente el cribado prenatal se realiza en el primer trimestre del embarazo (alrededor de la semana 12). 

Aquellos marcadores bioquímicos que se consideran de mayor utilidad son la fracción beta libre de la gonadotropina coriónica (fHCG) y la proteína plasmática A, asociada al embarazo (PAPP-A). El marcador ecográfico más significativo para este cribado es la translucencia nucal (TN).

A partir de estos datos y teniendo también en cuenta la edad de la madre, se realiza un cálculo y se estima la probabilidad de que el feto presente Síndrome de Down (trisomía 21) o Síndrome de Edwards (trisomía 18). Se considera que hay un elevado riesgo para el feto cuando la probabilidad es inferior a 1/270.

Pero este cribado tiene sus limitaciones, de hecho es ampliamente aceptado que la sensibilidad de dicho test está en torno a 75-85 % y que tiene entre un 3-5 % de falsos positivos. Esto significa que alrededor de un 15 % de los niños con Síndrome de Down no van a ser detectados mediante esta prueba y que entre un 3-5 % de embarazadas de alto riesgo van a ser candidatas a una amniocentesis cuando su feto en realidad no presenta ninguno de los síndromes anteriormente citados.

Por tanto, este cribado prenatal ha mejorado mucho respecto a los realizados anteriormente pero todavía no lo suficiente.

Recientemente, gracias a los avances que en los últimos años se están produciendo en el campo de la genética, se ha desarrollado una técnica capaz de analizar los pequeños fragmentos de ADN procedentes del feto y que se encuentran en la sangre de la madre en cantidades muy pequeñas. Debido a ello, este test sólo puede ser aplicado a mujeres embarazadas a partir de las 10 semanas de gestación.

También puede ser aplicado en casos de embarazos gemelares o únicos procedentes de fecundación in vitro o de donación de ovocitos.

Este test prenatal no invasivo en ADN fetal estima el riesgo de trisomía de los cromosomas 13, 18, 21 (Síndrome de Patau, de Edwards y de Down respectivamente), 16 y 9, así como alteraciones numéricas en los cromosomas X e Y (por tanto, de forma indirecta informa del sexo del feto excepto en el caso de los padres no quieran ser informados).

En cuanto al rendimiento de esta prueba, ofrece una sensibilidad global de un 99% y una tasa de falsos positivos de 0,2%.

Así pues, en comparación con el cribado prenatal de primer trimestre, el análisis del ADN fetal muestra mayor capacidad para detectar los fetos con alteraciones cromosómicas y menor realización de amniocentesis para embarazadas con fetos sin estas alteraciones.

Además, actualmente y en los casos en los que los padres estén interesados, este test de ADN fetal también es capaz de detectar en el feto microdeleciones en determinadas regiones de interés que descartan otras alteraciones como p.e el Síndrome de Di George, el de Angelman/Prader Willi, etc.

Dra. Ana Fabregat farmacéutica, del Instituto Bernabeu.

Si desea puede concertar una

Diferencias entre el cribado bioquímico de primer trimestre de embarazo y el análisis del ADN fetal para descartar alteraciones cromosómicas en el feto
5 (100%) 1 voto