El sistema inmune  es el conjunto de estructuras y procesos biológicos que protege al organismo de células extrañas a él. Está formado por células inmunitarias comúnmente denominadas linfocitos y de anticuerpos que son unas proteínas especificas. Tanto unas como otros reaccionan contra virus, bacterias, parásitos o incluso células propias pero alteradas como las cancerosas. Este sistema es el responsable de los rechazos en los transplantes o transfusiones cuando detecta células que pertenecen a otro individuo. En ocasiones, el sistema inmune reacciona de forma equivocada contra células propias normales ocasionando destrucción de las mismas y por lo tanto enfermedades que conocemos como “autoinmunes”.

El embarazo es una situación única desde el punto de vista de la inmunología. La madre tiene que albergar al embrión, es decir, el sistema inmunológico debe aceptar células que debería considerar como extrañas, ya que el embrión tiene un sistema inmunológico distinto de la madre. Mediante un proceso de inactivación local, todavía pobremente conocido, tejidos propios del embrión (placenta) invaden los tejidos maternos sin que el sistema inmune se active para rechazarlos.

Por tanto, el proceso de implantación embrionaria y posterior desarrollo del embarazo dependen de un delicado equilibrio que permita la tolerancia entre dos individuos inmunológicamente diferentes y la alteración de este equilibrio podría ser causa de esterilidad cuando se impide la implantación o aborto cuando el rechazo ocasiona la pérdida del embarazo en desarrollo.

Teniendo en cuenta que desconocemos la causa en un alto porcentaje de pacientes con fallo recurrente de implantación (mujeres sometidas a FIV que no gestan tras varias transferencias de embriones adecuados) o aborto de repetición (dos o más perdidas gestacionales), los factores inmunológicos podrían explicar estos fracasos tan decepcionantes para médicos y pacientes.

En la actualidad, el único trastorno autoinmune que explicaría un porcentaje amplio de fracasos reproductivos es el Síndrome Antifosfolipídico. Se trata de la presencia en sangre  materna de unos anticuerpos denominados antifosfolípicos constituidos por una familia de más de 20 autoanticuerpos siendo los más importantes el anticoagulante lúpico, los anticuerpos anticardiolipina y los beta2-glicoproteina1. Estos provocarían un estado de hipercoagulabilidad y por tanto de fenómenos trombóticos a nivel placentario que llevarían a la perdida del embarazo de forma recurrente. Este síndrome explicaría el 15% de los diagnósticos de aborto recurrente y las pacientes no tratadas tienen un riesgo de aborto tras el diagnostico de un 90%.

El tratamiento con aspirina y heparina (con acción antiagregante plaquetaria y antitrombótica) se ha demostrado efectivo reduciendo el riesgo de aborto por debajo del 30%. Hoy podemos afirmar que el Síndrome Antifosfolipídico es la causa tratable mas frecuente de aborto de repetición.

Sin embargo un alto numero de casos de fracasos de implantación y abortos recurrentes continúan sin poder ser explicados por lo que mantenemos la esperanza de que el avance en el estudio de los factores inmunológicos nos pueda arrojar luz sobre posibles causas y orientarnos hacia tratamientos efectivos.

Hoy sabemos que mujeres con enfermedades de base autoinmune como la artritis reumatoide y el lupus eritematoso sistémico tienen más dificultades para tener hijos. También conocemos como algunas células de la inmunidad como las NK (un tipo de linfocitos denominados “Natural Killers” que están presentes en el útero y que participan en los procesos de implantación) tienden a encontrarse en mayor número en la cavidad uterina de las mujeres con aborto de repetición. Esta relación entre la inmunidad y los problemas reproductivos ha hecho que se hayan postulado diversos tratamientos para inhibir o modular la respuesta inmune en estas pacientes.

En los últimos tiempos han proliferado diversos tratamientos para intentar disminuir el número o la actividad de las células NK en mujeres con fracaso de implantación o aborto de repetición como “Inmunoglobulinas Intravenosas”, “Corticoides”, “Intralipids” o anti-TNF. Si bien pueden constituir una vía de investigación prometedora, los trabajos publicados hasta la fecha no han podido demostrar su utilidad y por tanto no deben ser utilizados fuera del ámbito de la investigación máxime si tenemos en cuenta que su uso no está exento de riesgos.

Estamos seguros que estas vías de investigación abiertas nos permitirán en los próximos años explicar y tratar una situación tan desalentadora para médicos y pacientes como el aborto recurrente o el fracaso de implantación de causa desconocida.

Dr. Joaquín Llácerginecólogo del Instituto Bernabeu.

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