Síndrome de Asherman y sinequias

La existencia de adherencias dentro del útero o la oclusión de la cavidad endometrial es un reto para aquellas mujeres que desean gestar y no lo consiguen

Síndrome de Asherman y sinequias
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¿Qué es el síndrome de Asherman y qué son las sinequias uterinas?

Las sinequias uterinas, también conocidas como adherencias intrauterinas, son uniones anómalas que se forman dentro de la cavidad uterina y que pueden llegar a unir parcial o totalmente sus paredes. Suelen aparecer como consecuencia de una lesión de la capa basal del endometrio, de modo que el tejido cicatriza de forma irregular y da lugar a una cicatriz interna que altera la anatomía uterina. Esta situación puede afectar a la menstruación, a la implantación embrionaria y a la evolución normal del embarazo.

Hablamos de síndrome de Asherman cuando estas adherencias intrauterinas se asocian a síntomas clínicos, como reglas escasas o ausentes, infertilidad, abortos de repetición o complicaciones obstétricas. Aunque en la práctica muchas veces se usan como sinónimos, conviene diferenciar que las sinequias uterinas describen la lesión anatómica y el síndrome de Asherman el cuadro clínico que puede derivarse de ella.

¿Cuáles son los síntomas del síndrome de Asherman?

Los síntomas varían en función de la localización y extensión de las adherencias, pero los más frecuentes son:

  • disminución del sangrado menstrual o hipomenorrea;
  • ausencia de menstruación o amenorrea;
  • infertilidad;
  • abortos de repetición;
  • dolor pélvico cíclico en algunos casos;
  • complicaciones durante el embarazo.

Desde el punto de vista reproductivo, las adherencias pueden dificultar el ascenso espermático, alterar la arquitectura de la cavidad uterina y comprometer la receptividad endometrial. Además, en los casos más severos, la fibrosis puede afectar a la vascularización uterina, lo que reduce la capacidad del endometrio para regenerarse correctamente y favorecer una implantación adecuada.

¿Cuáles son las causas del síndrome de Asherman?

La causa más frecuente del síndrome de Asherman es la lesión endometrial secundaria a procedimientos realizados dentro del útero. Entre los factores más asociados se encuentran:

  • legrados uterinos, especialmente si son repetidos o se realizan tras aborto, parto o restos retenidos;
  • cirugía histeroscópica, como miomectomía, polipectomía o resección de tabiques;
  • procedimientos uterinos que dañan la capa basal del endometrio;
  • con menor frecuencia, infecciones uterinas o endometritis.

En mujeres con deseo gestacional, también debe valorarse con cautela cualquier tratamiento que pueda comprometer la cavidad uterina o la perfusión endometrial, ya que puede empeorar el pronóstico reproductivo.

¿Cómo se diagnostica el síndrome de Asherman?

La histeroscopia sigue siendo la prueba de referencia para el diagnóstico del síndrome de Asherman, ya que permite visualizar directamente la cavidad uterina, valorar la localización y gravedad de las adherencias, evaluar el estado del endometrio y, en muchos casos, planificar o realizar su tratamiento.

Junto a ella, la ecografía transvaginal desempeña hoy un papel relevante en la sospecha diagnóstica y en el seguimiento. Puede sugerir la existencia de alteraciones de la cavidad uterina, zonas de fibrosis, irregularidades endometriales o hallazgos compatibles con adherencias. En centros especializados, la ecografía transvaginal avanzada (ecografía 3D) puede aportar información muy útil antes de la histeroscopia y tras el tratamiento.

En algunos casos se emplean pruebas complementarias para estudiar la cavidad uterina, aunque la confirmación diagnóstica suele establecerse mediante histeroscopia. La clasificación de la gravedad resulta importante porque influye tanto en el pronóstico como en la estrategia terapéutica.

¿Cuál es el tratamiento del síndrome de Asherman?

El tratamiento principal es la histeroscopia con adhesiolisis, realizada por un ginecólogo con experiencia en patología uterina compleja. El objetivo es restaurar una cavidad uterina lo más normal posible, liberar las zonas adheridas y preservar al máximo el endometrio funcional.

En los casos leves, la corrección suele ser sencilla. En las formas moderadas o severas puede ser necesario recurrir a instrumental específico, una técnica especialmente cuidadosa y, en ocasiones, más de una intervención para conseguir una adecuada reconstrucción de la cavidad uterina. La recurrencia sigue siendo uno de los principales retos de esta patología, por lo que el seguimiento posterior resulta fundamental.

Tras el tratamiento, es frecuente utilizar medidas dirigidas a reducir la reaparición de adherencias. Entre ellas, los geles antiadherenciales a base de ácido hialurónico han mostrado utilidad para disminuir la recurrencia en la histeroscopia de control.

Pronóstico y fertilidad

En muchas pacientes, el tratamiento permite recuperar la menstruación y mejorar la fertilidad. Sin embargo, el pronóstico depende de varios factores, como la edad, la gravedad de las adherencias, la causa que las ha originado, la recurrencia y la capacidad del endometrio para regenerarse adecuadamente. Cuanto mayor es la fibrosis o la cicatriz endometrial, más reservado suele ser el pronóstico reproductivo.

Embarazo con síndrome de Asherman

Sí, es posible lograr embarazo tras el tratamiento del síndrome de Asherman, tanto de forma espontánea como mediante técnicas de reproducción asistida (fecundación in vitro, embrioadopción, ovodonación, etc.). No obstante, estas gestaciones deben considerarse de mayor riesgo obstétrico, especialmente en pacientes con antecedentes de adherencias extensas o cirugía uterina compleja.

Tras el tratamiento puede persistir una alteración del endometrio, de la cavidad uterina o de la placentación. Por ello, existe mayor riesgo de complicaciones como implantación anómala de la placenta, placenta accreta, hemorragia posparto, aborto espontáneo o parto pretérmino en algunos casos. Por este motivo, el seguimiento del embarazo debe ser individualizado y realizarse con control obstétrico estrecho.

Nuevas estrategias y tratamientos emergentes

En los últimos años se han estudiado estrategias complementarias para favorecer la regeneración endometrial y reducir la recurrencia de las adherencias tras la cirugía histeroscópica. Entre ellas, una de las líneas más prometedoras es el plasma rico en plaquetas (PRP), administrado por vía intrauterina y, en algunos protocolos, también por vía subendometrial.

La evidencia reciente sugiere que el PRP podría contribuir a mejorar la reparación del endometrio, disminuir la recurrencia de adherencias moderadas o severas y favorecer parámetros como el grosor endometrial, la recuperación menstrual o la tasa de embarazo clínico. Sin embargo, los estudios todavía son heterogéneos y, por el momento, no puede considerarse un tratamiento estándar ni se ha demostrado de forma consistente una mejora en la tasa de recién nacido vivo. Por ello, su uso debe entenderse como una opción complementaria y en casos seleccionados.

También se están investigando otras estrategias biológicas y regenerativas, incluidas terapias celulares, todavía en desarrollo y reservadas a contextos altamente especializados.

Preguntas frecuentes sobre el síndrome de Asherman

¿Qué pasa si tengo una cicatriz en el útero?

Depende de su localización, extensión y profundidad. Algunas cicatrices pueden no causar síntomas, pero otras deforman la cavidad uterina, alteran la elasticidad del endometrio, comprometen la vascularización uterina y dificultan la menstruación o la implantación. Cuando esa cicatriz forma puentes de tejido dentro del útero hablamos de adherencias o sinequias.

¿Cómo saber si tengo adherencias en el útero?

La sospecha suele surgir por síntomas como reglas escasas, ausencia de menstruación, infertilidad, abortos de repetición o antecedentes de legrado o cirugía uterina. La valoración inicial incluye historia clínica y ecografía transvaginal, y la confirmación suele realizarse mediante histeroscopia.

¿Cómo saber si tengo síndrome de Asherman?

El diagnóstico se plantea cuando existen síntomas compatibles junto con antecedentes de procedimientos uterinos o daño endometrial. La ecografía transvaginal puede orientar el estudio, pero la histeroscopia es la técnica más útil para confirmar el diagnóstico, valorar su extensión y planificar el tratamiento.

¿Qué diferencia hay entre adherencias uterinas y sinequias en el útero?

En la práctica clínica, ambos términos suelen utilizarse para describir la misma lesión anatómica: uniones anómalas dentro de la cavidad uterina. El término síndrome de Asherman se reserva para los casos en los que estas adherencias o sinequias se asocian a síntomas o repercusión reproductiva.

Tratamiento integral en Instituto Bernabeu

El manejo del síndrome de Asherman requiere experiencia, tecnología adecuada y un seguimiento individualizado. En los casos moderados o severos puede ser necesario realizar más de una histeroscopia para restaurar la cavidad uterina y reducir el riesgo de recidiva.

En Instituto Bernabeu contamos con una unidad específica de tratamiento de fallo de implantación embrionario, equipos de histeroscopia de alta precisión y con ginecólogos específicamente formados en el abordaje de adherencias intrauterinas, patología uterina compleja y medicina reproductiva. Nuestro objetivo es lograr la mejor recuperación anatómica y funcional posible de la cavidad uterina, optimizando tanto el pronóstico ginecológico como el reproductivo de cada paciente.

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