Varices uterinas y ováricas: síntomas, causas y tratamiento del síndrome de congestión pélvica
Las varices uterinas y ováricas representan una causa frecuente, pero aún subestimada, de dolor pélvico crónico en mujeres en edad fértil. Cuando se vuelven sintomáticas, se encuadran dentro del síndrome de congestión pélvica (Pelvic Congestion Syndrome, PCS). Conocer esta condición ayuda a reconocer las señales de alarma, solicitar las pruebas adecuadas y evaluar las opciones terapéuticas actualmente disponibles.
Índice
- 1 ¿Qué son las varices uterinas y las varices ováricas?
- 2 ¿Qué es el síndrome de congestión pélvica?
- 3 ¿Por qué aparecen las varices uterinas u ováricas?
- 4 ¿Cuáles son los síntomas de las varices pélvicas?
- 5 ¿Cómo se diagnostican las varices uterinas y ováricas?
- 6 ¿Las varices uterinas pueden afectar a la fertilidad? ¿Me quedaré embarazada?
- 7 ¿Las varices ováricas pueden aparecer durante o después del embarazo?
- 8 ¿Cuál es el tratamiento para las varices uterinas u ováricas?
- 9 ¿Cuándo es recomendable consultar con un especialista?
- 10 Preguntas frecuentes
¿Qué son las varices uterinas y las varices ováricas?
Las varices uterinas y ováricas son vasos venosos dilatados, tortuosos y con paredes distendidas que se encuentran alrededor del útero y de los ovarios, dentro de la pelvis. Se forman cuando las válvulas venosas, que normalmente impiden el reflujo de la sangre, están ausentes o no funcionan correctamente.
La sangre tiende entonces a estancarse y a fluir en sentido retrógrado (reflujo venoso), aumentando progresivamente la presión sobre las paredes de los vasos y provocando su dilatación.
A diferencia de las varices de los miembros inferiores, las pélvicas no son visibles desde el exterior. Sin embargo, pueden ser responsables de dolor profundo, sensación de presión o pesadez en la pelvis y molestias durante o después de las relaciones sexuales. El diagnóstico requiere estudios de imagen específicos, como la ecografía transvaginal con Doppler o la resonancia magnética.
¿Qué es el síndrome de congestión pélvica?
El síndrome de congestión pélvica (PCS) es una condición clínica caracterizada por dolor pélvico crónico, es decir, presente durante al menos seis meses, relacionado con la dilatación anómala y el estancamiento de la sangre en las venas de la pelvis, en particular en las uterinas y ováricas. La reducción del flujo venoso y el reflujo progresivo determinan un estado de congestión que puede causar inflamación e irritación de las paredes venosas, con la consiguiente activación de los receptores del dolor.
Las varices uterinas y ováricas representan la base anatómica de la PCS: se habla de síndrome cuando estas varices se vuelven sintomáticas, es decir, cuando se asocian a dolor crónico y a otros trastornos característicos. Es importante subrayar que no todas las mujeres con venas pélvicas dilatadas desarrollan síntomas; en muchos casos, se trata de un hallazgo incidental en la ecografía o en la resonancia magnética, en ausencia de cualquier molestia. Sin embargo, en mujeres con dolor pélvico persistente e inexplicado, la PCS es un diagnóstico que debe considerarse y estudiarse en profundidad.
¿Por qué aparecen las varices uterinas u ováricas?
Las causas suelen ser múltiples y se potencian entre sí. Los principales factores de riesgo identificados por la literatura son:
Insuficiencia valvular primaria: insuficiencia o ausencia congénita de las válvulas venosas en las venas ováricas, presente en una proporción significativa de mujeres afectadas.
Influencia hormonal: los estrógenos tienen un efecto vasodilatador directo sobre las paredes venosas, favoreciendo su relajación y dilatación; también la progesterona, durante el embarazo, contribuye reduciendo el tono venoso. Esto explica por qué la PCS es casi exclusivamente una condición de la edad fértil.
Embarazos previos: durante la gestación aumentan el volumen de sangre circulante y la presión sobre las venas pélvicas. El útero en crecimiento también puede comprimir mecánicamente los vasos venosos abdominales. Los embarazos múltiples aumentan el riesgo de dilataciones venosas permanentes.
Factores anatómicos: en algunos casos, la vena renal izquierda se comprime entre la aorta y la arteria mesentérica superior (el llamado síndrome del cascanueces, o nutcracker syndrome), dificultando el drenaje de la vena ovárica izquierda y favoreciendo el reflujo hacia la pelvis.
Antecedentes familiares: una predisposición familiar a la insuficiencia venosa, similar a la de las varices de los miembros inferiores, está a menudo presente.
Edad y estilo de vida: el riesgo aumenta con la edad, ya que las válvulas venosas se deterioran progresivamente. Actividades que implican permanecer muchas horas de pie o realizar esfuerzos físicos intensos también pueden contribuir a agravar la condición.
En la mayoría de las pacientes, las causas son diversas y se suman entre sí, con una fragilidad venosa de base sobre la que actúan factores hormonales, mecánicos y posturales.
¿Cuáles son los síntomas de las varices pélvicas?
No todas las varices pélvicas producen síntomas. Cuando la condición se vuelve clínicamente relevante, los trastornos más comunes incluyen:
Dolor pélvico crónico: típicamente descrito como sordo, opresivo o pulsátil, presente durante más de seis meses, a menudo localizado o predominante en el lado izquierdo. Tiende a empeorar en posición de pie, hacia el final del día o después de esfuerzos prolongados, y a mejorar con el reposo en posición supina.
Dispareunia: el dolor durante o después de las relaciones sexuales es uno de los síntomas más frecuentemente referidos y puede persistir durante horas o días.
Sensación de presión pélvica: una sensación de peso, presión o hinchazón en la pelvis que puede irradiarse a la región lumbar, a los glúteos o a la cara interna de los muslos.
Alteraciones del ciclo menstrual: en algunas pacientes, la congestión venosa uterina puede contribuir a menstruaciones más abundantes o más dolorosas.
Varices vulvares o de los muslos: varices visibles en la región vulvar, en los glúteos o en los muslos pueden coexistir con las varices internas y representan un importante signo clínico.
Síntomas urinarios y en las piernas: algunas pacientes refieren urgencia o aumento de la frecuencia urinaria, debido a la presencia de varices en la base de la vejiga. También puede aparecer sensación de hinchazón o pesadez en las piernas, en particular en la izquierda, y en algunos casos una sensación de tensión o dolor en las pantorrillas durante la marcha (claudicación venosa).
¿Cómo se diagnostican las varices uterinas y ováricas?
El diagnóstico se basa en la combinación de una anamnesis detallada, un examen ginecológico o angiológico y estudios instrumentales específicos. Las pruebas más utilizadas son:
Ecografía transvaginal con Doppler: es el estudio de primera elección. No es invasivo, no utiliza radiación y es fácilmente repetible. Permite identificar venas parauterinas y ováricas dilatadas (un diámetro ≥ 5–6 mm se considera patológico según los criterios más difundidos), evaluar la velocidad del flujo y detectar el reflujo venoso, especialmente durante la maniobra de Valsalva.
Resonancia magnética (RM) o angio-RM: ofrece una visión global de la pelvis, es útil para confirmar el diagnóstico y para excluir otras condiciones (endometriosis, fibromas, patologías ováricas). La angio-RM permite una reconstrucción detallada de la circulación venosa pélvica.
Flebografía pélvica (venografía): considerada el gold standard diagnóstico, permite visualizar directamente el calibre de las venas, la magnitud del reflujo y la distribución de la congestión. En la mayoría de los casos se realiza durante la misma sesión en la que se lleva a cabo el tratamiento embolizante, evitando un procedimiento separado.
En casos seleccionados también pueden utilizarse la TC con contraste o la ecografía abdominal, según el contexto clínico.
¿Las varices uterinas pueden afectar a la fertilidad? ¿Me quedaré embarazada?
La relación entre las varices ováricas y la fertilidad femenina sigue siendo objeto de estudio y los datos disponibles no son concluyentes. La hipótesis fisiopatológica más aceptada es que el aumento de la presión venosa y las alteraciones del microambiente ovárico, de forma análoga a lo que ocurre en el varicocele masculino, podrían interferir con la calidad de los ovocitos; sin embargo, aún faltan pruebas sólidas que respalden esta correlación.
Algunos estudios en grupos seleccionados de mujeres con infertilidad inexplicada han mostrado mejoras en las tasas de embarazo espontáneo tras la embolización de las varices ováricas, pero la evidencia sigue siendo preliminar y todavía no respalda una indicación terapéutica rutinaria en este ámbito. La presencia de varices pélvicas no excluye la posibilidad de un embarazo espontáneo, y muchas mujeres con esta condición conciben sin dificultad. La evaluación debe individualizarse siempre en el contexto global de la pareja, teniendo en cuenta sus características específicas.
¿Las varices ováricas pueden aparecer durante o después del embarazo?
Sí. El embarazo es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de varices pélvicas. Durante la gestación se producen simultáneamente un aumento del volumen sanguíneo circulante, una reducción del tono venoso mediada por las hormonas y una compresión mecánica de los vasos venosos abdominales por parte del útero en crecimiento. Todos estos factores ralentizan el retorno venoso y favorecen la dilatación de los vasos pélvicos.
En muchas mujeres, las dilataciones venosas se reducen espontáneamente en las semanas posteriores al parto. En otras, especialmente después de embarazos múltiples o cercanos entre sí, pueden persistir y volverse sintomáticas con el paso de los meses o los años. Es posible que las varices pélvicas aparezcan o se agraven también en presencia de otros factores que aumentan la presión abdominal, como el sobrepeso, el estreñimiento crónico o trabajos físicamente exigentes.
¿Cuál es el tratamiento para las varices uterinas u ováricas?
La elección terapéutica depende de la intensidad de los síntomas, de la edad, del deseo de futuros embarazos y de las características anatómicas de las varices. Por lo general, se procede con un enfoque progresivo.
Medidas conservadoras
Siempre representan el punto de partida e incluyen:
• Evitar la posición de pie prolongada, programar pausas con las piernas elevadas durante el día, realizar actividad física regular y moderada, mantener un peso corporal adecuado y tratar posibles condiciones que aumenten la presión abdominal (estreñimiento, sobrepeso).
• El uso de prendas de compresión (medias o fajas elásticas) puede reducir la congestión, especialmente en pacientes con varices vulvares asociadas.
• Los analgésicos y los antiinflamatorios no esteroides (AINE) pueden ser útiles para el control del dolor episódico, siempre bajo indicación médica.
Terapia farmacológica
Los fármacos de acción hormonal, en particular los progestágenos, los análogos de la GnRH y los anticonceptivos orales combinados, pueden reducir el flujo en las venas pélvicas y atenuar la congestión, con beneficio sobre el dolor y los síntomas en una parte de las pacientes. En algunos contextos clínicos también se utilizan fármacos venotónicos. La terapia médica es generalmente el primer enfoque en mujeres jóvenes o en aquellas que no desean procedimientos invasivos, pero sus efectos suelen ser temporales y limitados a la duración del tratamiento.
Embolización de las venas ováricas y pélvicas
La embolización transcatéter es actualmente el tratamiento de referencia para pacientes con PCS confirmada y síntomas incapacitantes. Se trata de un procedimiento mínimamente invasivo realizado bajo anestesia local por un radiólogo intervencionista: mediante un catéter introducido desde una vena del cuello, del brazo o de la ingle, se accede a las venas ováricas y pélvicas dilatadas, que se ocluyen mediante espirales metálicas, agentes esclerosantes o pegamento biológico. La oclusión interrumpe el reflujo venoso y reduce la presión sobre las varices sintomáticas.
Los datos de la literatura muestran una mejoría clínicamente significativa del dolor en un alto porcentaje de pacientes (estimado entre el 70 % y el 90 % en las series más amplias), con beneficios que generalmente se manifiestan dentro de los primeros tres meses. El procedimiento presenta un perfil de seguridad globalmente favorable: las complicaciones graves son raras (aproximadamente el 2 % de los casos), mientras que efectos secundarios menores, como dolor postoperatorio o pequeños hematomas en el sitio de punción, pueden ocurrir en aproximadamente el 10 % de los casos y suelen ser transitorios y de corta duración. El procedimiento se considera generalmente compatible con la preservación de la fertilidad, y muchas mujeres han logrado un embarazo después del tratamiento, aunque estudios recientes han evidenciado una posible reducción de la reserva ovárica, particularmente relevante en pacientes menores de 30 años.
Cirugía: ¿cuándo está indicada?
Los procedimientos quirúrgicos más invasivos, como la ligadura de las venas ováricas por vía laparoscópica, hoy se reservan para casos seleccionados, especialmente cuando la embolización no es técnicamente viable o ya ha fracasado. Siempre se prefiere el enfoque mínimamente invasivo, sobre todo en mujeres en edad fértil.
¿Cuándo es recomendable consultar con un especialista?
Es recomendable acudir a un especialista en los siguientes casos:
- El dolor pélvico ha estado presente durante más de seis meses, empeora al final del día o al estar de pie y no ha encontrado una explicación tras los primeros estudios.
- Se experimenta dolor durante o después de las relaciones sexuales, asociado con sensación de pesadez o hinchazón pélvica.
- Están presentes várices vulvares o en los muslos, especialmente si se asocian con síntomas internos.
- Hay dificultades para concebir y los exámenes ginecológicos básicos resultan normales.
El manejo de las venas varicosas pélvicas a menudo requiere un enfoque multidisciplinario que involucra a varios profesionales: el ginecólogo para la evaluación clínica inicial y la exclusión de otras causas de dolor pélvico, el radiólogo intervencionista para el diagnóstico instrumental avanzado y el posible tratamiento endovascular, y, en algunos casos, el especialista en medicina del dolor o el fisioterapeuta del suelo pélvico.
Preguntas frecuentes
¿Las varices uterinas desaparecen solas?
En algunas mujeres, especialmente en el período posterior al parto, las venas pélvicas dilatadas pueden reducirse de forma espontánea. Sin embargo, cuando las varices están muy dilatadas o son sintomáticas, tienden a persistir en el tiempo y requieren una evaluación médica. La evolución depende de la magnitud de las alteraciones anatómicas, de los factores hormonales y del estilo de vida.
¿Son peligrosas las varices uterinas?
Por lo general, no ponen en riesgo la vida y rara vez causan complicaciones graves. El principal impacto afecta la calidad de vida: el dolor crónico, las molestias durante las relaciones sexuales y la sensación persistente de pesadez pélvica pueden resultar debilitantes. Por ello, es importante no subestimar los síntomas y abordarlos con el apoyo de un especialista.
¿Se pueden prevenir?
No existe una prevención segura, ya que la predisposición genética y los factores hormonales juegan un papel determinante. Sin embargo, mantener un peso corporal saludable, realizar actividad física regular, evitar la posición de pie prolongada, tratar el estreñimiento crónico y adoptar medidas posturales (como hacer pausas con las piernas elevadas) puede contribuir a ralentizar su desarrollo o empeoramiento.
¿Siempre causan dolor las varices uterinas?
No. Las venas pélvicas dilatadas suelen ser un hallazgo incidental en la ecografía o en la resonancia magnética, en ausencia de cualquier molestia. Se habla de síndrome de congestión pélvica solo cuando las varices se asocian con dolor crónico y otros síntomas característicos. La presencia de varices en las pruebas de imagen, en ausencia de síntomas, no requiere necesariamente tratamiento.
Dr. Antonio Quartucci, ginecólogo de Instituto Bernabeu Venecia.