Conoce a la ginecóloga Ruth Romero
La doctora Ruth Romero eligió la ginecología porque combina ciencia, técnica y una profunda dimensión humana. Desde el inicio de su formación tuvo claro que quería dedicarse a la salud de la mujer, acompañándola en momentos decisivos de su vida: desde la patología ginecológica hasta la maternidad.
Se formó como especialista en el Hospital Universitario de Móstoles, donde adquirió una sólida base clínica y quirúrgica atendiendo una gran diversidad de casos, muchos de ellos complejos. Esa etapa marcó su manera de ejercer: rigor científico, prudencia en las decisiones y una visión integral de cada paciente.
En la actualidad desarrolla su labor en el Instituto Bernabeu de Madrid, donde coordina la Unidad de Fallo de Implantación y Aborto de Repetición. Atiende a mujeres y parejas que, en muchos casos, llegan tras varios intentos fallidos o después de recorrer un largo camino. Su trabajo se centra en analizar cada caso en profundidad, identificar posibles causas y diseñar estrategias personalizadas basadas en evidencia científica.
Además, ha incorporado técnicas mínimamente invasivas como la ablación de miomas por microondas, una alternativa conservadora que permite tratar la patología uterina preservando el útero y, en muchos casos, la fertilidad.
“Cada paciente tiene una historia que merece ser entendida antes de tomar decisiones”
¿Qué es lo que más valora de su especialidad?
Lo que más me interesa es comprender qué está ocurriendo realmente en cada caso. En medicina reproductiva no existen recetas universales. Cada mujer llega con una historia clínica, emocional y vital distinta. Mi trabajo consiste en escuchar, analizar y ofrecer un plan coherente y realista.
La consulta de ginecología y fertilidad no siempre es un momento sencillo. Muchas pacientes llegan con miedo, frustración o desgaste. Creo que el papel del médico no es prometer resultados, sino explicar con claridad, acompañar con honestidad y tomar decisiones fundamentadas.
¿Qué perfil de pacientes atiende habitualmente?
Veo perfiles muy diversos. Desde mujeres jóvenes con patología uterina hasta parejas que han pasado por varios tratamientos sin éxito. En la Unidad de Fallo de Implantación y Aborto de Repetición trabajamos especialmente con casos complejos, donde es necesario revisar lo anterior con espíritu crítico y plantear nuevas estrategias.
También vemos cada vez más mujeres en torno a los 38–42 años que desean ser madres. El retraso de la maternidad es una realidad social, y muchas llegan sorprendidas por el impacto que la edad tiene en la calidad ovocitaria.
¿Cree que existe suficiente información sobre fertilidad y edad?
Todavía no. Socialmente hemos normalizado retrasar la maternidad, pero biológicamente el ovario no se ha adaptado a ese cambio. Muchas mujeres me dicen en consulta: “Ojalá me lo hubieran explicado antes”.
Por eso considero fundamental informar sin alarmismo, pero con claridad. La vitrificación de ovocitos es una herramienta valiosa cuando se realiza en el momento adecuado, y la donación de ovocitos es una alternativa consolidada y segura cuando la reserva ovárica ya no permite lograr embarazo con óvulos propios.
¿Cómo aborda los casos difíciles?
Con honestidad y método. Explicamos en qué se basa cada decisión, qué evidencia existe y qué límites tiene la medicina. No realizamos pruebas innecesarias si no van a aportar información útil, ni generamos expectativas irreales.
Creo profundamente en la medicina individualizada. Cada tratamiento debe tener un sentido clínico y estar alineado con los objetivos y circunstancias de la paciente.
¿Qué le gustaría que sus pacientes dijeran de usted?
Que se han sentido escuchadas. Que han entendido su situación con claridad. Y que, independientemente del resultado, han tenido un acompañamiento profesional, respetuoso y coherente.