La implantación embrionaria es el proceso en el que el embrión humano se fija al endometrio para continuar su desarrollo. El primer paso de este proceso se inicia con el diálogo entre las células embrionarias y las maternas.

Es un proceso extremadamente complejo y que en la actualidad sólo se conoce parcialmente y depende de la calidad embrionaria, de la receptividad uterina y de la sincronización de ambos.

La clave de este proceso viene determinado por muchas moléculas segregadas a nivel endometrial, a nivel embrionario y a nivel periférico que deben de estar perfectamente sincronizadas para llevar a cabo ese diálogo entre embrión y endometrio,

Si consideramos que la implantación puede ser una conversación cuyas palabras y letras están perfectamente diseñadas, podemos considerar las frases que lo componen como las etapas de la implantación y las palabras como las moléculas implicadas en cada estadio.

Se inicia con el diálogo del embrión  y el endometrio, que  adquiere la propiedad de receptividad a través de hormonas y factores de crecimiento que actúan localmente. A esta fase también se la denomina aposición, y es donde actúan factores ya conocidos como las cálulas Natural Killer, Inmunoglobulinas y el factor estimulador de colonias granulocíticas.

La siguiente etapa es la llamada adhesión embrionaria en las que las células embrionarias buscan el mejor lugar para adherirse al endometrio, que es la capa interna del útero,  a través de sus receptores.

En las siguientes etapas el embrión tiene que primero, inducir la destrucción de la capa superficial del endometrio y después la invasión de capas más profundas hasta alcanzar los vasos sanguíneos que lo irrigan.

A pesar de todas las investigaciones realizadas, existen pocos conocimientos todavía de las moléculas implicadas en cada proceso y de su importancia.

La mayoría de tratamientos en la práctica clínica se orientan a incluir en la fase de aposición, en la que se intenta aumentar la receptividad endometrial, bien administrando sustancias que influyen en este paso o inhibiendo otras que pueden afectarlo negativamente. Hay que ser extremadamente cautos, pues son tratamientos experimentales aún lejos de mostrar un claro beneficio terapéutico. Además los efectos secundarios de algunas terapias propuestas deben tenerse en cuenta. Por ello, es fundamental aplicar tratamientos basados en la evidencia. Un ejemplo de lo anterior, lo tenemos en el uso de inmunosupresores, esto es fármacos que modifican la respuesta inmune del organismo, ante recuentos elevados de células “asesinas”    (en inglés: Natural Killer cells) que no han demostrado ninguna eficacia y producen efectos secundarios adversos.

Se han propuesto marcadores ecográficos no invasivos orientados a estudiar la microvascularización y el patrón estructural uterino. 

En el Instituto Bernabeu, hemos aplicado potentes herramientas informáticas a ecógrafos de alta precisión,  con lo que estamos obteniendo estudios muy fiables de la estructura endometrial para diagnosticar y tratar defectos uterinos que dificulten o hagan fracasar el proceso de implantación. 

Estos estudios están siendo extramedamente útiles a pacientes que se han sometido a tratamientos previos sin lograr la implantación embrionaria y a pacientes que sufren abortos de repetición.

Dra. Belén Moliner ginecóloga del Instituto Bernabeu

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