Instituto BernabeuTodos aquellos que trabajamos en el campo de la fertilidad dedicamos muchísimo tiempo y esfuerzo pensando en cómo mejorar las tasas de embarazo, pero con menos frecuencia se piensa en el más allá del logro de la gestación o del nacimiento de un niño sano. Es tiempo de preguntarse ¿no es nuestro propósito final ayudar a construir familias sanas y felices?

Todos los registros estadísticos de países avanzados dejan claro que la edad en que la mujer tiene los hijos se ha ido incrementando progresivamente en los últimos años.

Para los hombres el escenario no es mucho más diferente. Este patrón de conducta se está produciendo en todos los países desarrollados alrededor del mundo.

Y dado que no parece que esta tendencia vaya a cambiar, es por tanto crítico preguntarse no solamente cuál es el impacto en nuestra tasa de éxitos, es decir niño en casa, o el impacto en la madre, si no también cuál es el impacto en la salud de la descendencia.

Cada vez más las mujeres jóvenes están considerando la posibilidad de congelar ovocitos para proteger su futura fertilidad y tratar de detener el reloj biológico del envejecimiento ovocitario.

¿Debería el hombre considerar lo mismo?, ¿hay riesgos documentados de la repercusión del envejecimiento del padre en la descendencia? ¿y estos riesgos son tan significantes como para justificar un cambio en nuestra práctica?

A pesar de que la mayoría de las alteraciones cromosómicas del embrión derivan del ovocito, también hay que tener presente que el DNA del espermatozoide está sujeto a anomalías, porque las células madres espermatogónicas se dividen replicándose a lo largo de la vida de varón, por tanto con riesgo de error que precede a cada división.

Por ello, a pesar de que el punto de corte para definir “padre de edad avanzada” aún no se ha definido, hay que recordar que existe un incremento progresivo de los riesgos genéticos a medida que el hombre cumple años. Tal vez este riesgo podría estar vinculado a alteraciones neuropsiquiátricas en la descendencia, según el artículo “Childhood implications of parental aging” publicado en junio en la revista Fertility and Sterility (Volumen 103, Nº6, pp. 1379-80).

Sin embargo, el riesgo absoluto todavía es muy bajo. Por tanto, no parece recomendable aconsejar a los hombres que congelen el semen a edades más tempranas con el único propósito de disminuir este riesgo.

Por ello, no se consideraría necesario y además complicaría la logística de almacenamiento de espermatozoides para largos periodos de tiempo en los centros de Medicina Reproductiva.

¿Si así están las cosas, como debemos de aconsejar a nuestras parejas?

Sin duda alguna la tendencia actual para retrasar la maternidad es difícil que cambie. Está clarísimo que en las mujeres el riesgo de aborto y anomalía cromosómica asociada con la edad está suficientemente documentado. Además a diferencia de los hombres, que reponen constantemente espermatozoides, las mujeres nacen con todos los ovocitos que en el futuro tendrán y este almacenamiento, esta dotación ovocitaria, progresivamente irá consumiéndose a medida que pasan los años.

Nuestra capacidad actual para valorar la reserva ovárica con el uso de métodos diagnósticos tales como el recuento antral folicular y la hormona antimülleriana ha mejorado, pero todavía no somos capaces de predecir la pérdida de ovocitos para cada mujer de forma individual. Este hecho junto con el inexorable declinar de la cantidad y calidad de los ovocitos con la edad, ha llevado a que muchas mujeres escojan la posibilidad de congelar ovocitos.

Es nuestra obligación como médicos informar a los pacientes que los ovocitos criopreservados representan únicamente una posibilidad de éxito, pero que no es en ningún caso un niño ya congelado o una preservación clara de la fertilidad.

Como resumen podríamos concluir que la edad de los progenitores tiene un impacto importante en la descendencia. Pero hay otras acciones que tanto los hombres como las mujeres pueden hacer, antes del embarazo, durante el mismo y durante el desarrollo de sus hijos.

Impulsar a los pacientes para mantener un estilo de vida saludable, no exponerse, ni ellos, ni su descendencia, a tóxicos ambientales y cuidar su desarrollo afectivo y educacional va a contribuir sin duda mucho más a una mejoría global del bienestar de los hijos y a la felicidad familiar.

Dr. Rafael Bernabeu, Director Médico del Instituto Bernabeu.

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Edad del padre y su implicación en la salud de los hijos
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