Desde la fecundación y hasta que tiene lugar la transferencia en el útero materno, los embriones siguen un desarrollo que es valorado por los embriólogos diariamente. Aquellos embriones que hayan llevado una correcta evolución y se encuentren en mejor estado son los que serán seleccionados para su transferencia.

Dicha valoración se realiza fundamentalmente siguiendo criterios morfológicos (número de células, grado de fragmentación, presencia de vacuolas…etc), y teniendo en cuenta el día de desarrollo embrionario en el que se encuentran. No obstante, existe una gran heterogeneidad debido a la existencia de diferentes criterios de valoración y a la subjetividad derivada de la observación realizada por los embriólogos. La Asociación para el Estudio de la Biología Reproductiva (ASEBIR) estableció en 2007 una clasificación con cuatro categorías dentro de las cuales se clasifican los embriones antes de su transferencia. Esta clasificación está basada en los resultados obtenidos de estudios multicéntricos realizados en centros de reproducción nacionales y en la literatura científica publicada. En base a ellas, las cuatro categorías que se establecen son:

Categoría A: Embrión de óptima calidad con máxima capacidad de implantación.

Categoría B: Embrión de buena calidad con elevada capacidad de implantación.

Categoría C: Embrión regular con bajas posibilidades de implantación.

Categoría D: Embrión de mala calidad con muy pocas posibilidades de implantación.

Es importante señalar que, pese a que los embriones son valorados diariamente, la clasificación de cada uno de ellos en una de las cuatro categorías ASEBIR se realiza el día de la transferencia y no antes. A parte de las características morfológicas, la cinética o desarrollo del embrión es tenida en cuenta en esta clasificación, pudiendo ocurrir que un embrión de buena calidad en un día determinado de desarrollo pase a ser catalogado como un embrión de baja calidad en el momento de la transferencia. También puede ocurrir el proceso contrario, encontrándonos embriones que suben o mejoran de categoría.

Otro aspecto importante a tener en cuenta es que ninguna clasificación asegura con certeza la probabilidad de gestación. Ni un embrión tipo A garantiza el éxito, ni un embrión tipo D asegura el fracaso. Y es que son muchos los factores que influyen en el proceso de implantación embrionaria.

Mariló Pérez, bióloga del Instituto Bernabeu

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