¿Qué pasa con el óvulo no fecundado?

Para poder llevar a cabo un tratamiento de reproducción asistida, es necesario que los óvulos y los espermatozoides sean trasladados al laboratorio, donde se producirá su unión por dos métodos posibles: la fecundación in vitro convencional (FIV) y la microinyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI).

Durante la FIV se aproximan los óvulos con los espermatozoides para que, de forma “natural”, un espermatozoide penetra en el interior del óvulo para lograr la fecundación. Se trata de un proceso más fisiológico, sin embargo, no siempre es posible su realización. Generalmente por problemas de calidad seminal u ovocitaria. En ese caso, recurriremos a la otra técnica para llevar a cabo la fecundación.

La ICSI consiste en introducir mediante una micropipeta un espermatozoide, previamente seleccionado, en el interior de un óvulo maduro. Suele ser el método de elección cuando la calidad de los gametos no es la deseada.

Sin embargo, la realización de los procesos anteriores no garantiza la fecundación en todos los casos. De hecho, según los indicadores de calidad establecidos por la Asociación Española de Biología de la Reproducción (ASEBIR), la fecundación mínima en ovocito propio es de un 58.1%, la deseada de un 63.2% y la óptima es de un 73.5%. En el caso de ovocitos donados estos porcentajes ascienden hasta un 66.3% de fecundación mínima, 70.3% de deseada y un 78.9% de fecundación óptima.

No obstante, encontramos entre un 1-3% de los casos en los que se produce un fallo total de la fecundación y no se obtiene ningún óvulo fecundado.

Para saber si ha habido fecundación o no, es necesario esperar unas 16-18 horas después de haber realizado cualquiera de las dos técnicas anteriormente citadas. Fuera de ese rango no es posible saber con certeza si el ovocito ha sido fecundado o no y, de hecho, se corre el riesgo de realizar una valoración errónea.

La fecundación que ocurre de forma normal, se distingue por la aparición de dos estructuras en el interior del óvulo denominadas pronúcleos, uno de origen materno y otro de origen paterno.

No obstante, también es común que se den casos de fecundación anómala, esto ocurre cuando en lugar de dos pronúcleos aparece un número diferente, pudiendo ser uno, tres o incluso más. La manifestación de estas anomalías estaría indicando la posible presencia de alteraciones en el material genético del futuro embrión, es por ello que estos óvulos se descartan una vez valorada la fecundación.

Imágenes de izquierda a derecha: Óvulo fecundado (2 pronúcleos), Óvulo fecundado anómalo (3 pronúcleos) y Óvulo no fecundado.

Por último, podemos encontrarnos con óvulos no fecundados que se caracterizan por la ausencia de pronúcleos. Para que un óvulo sea fecundado es necesario que ocurran una serie de cambios en su interior, sin embargo, si el espermatozoide no es capaz de activar dichos cambios o el óvulo no es capaz de generarlos, nos encontraremos ante una ausencia de fecundación.

En los últimos años se ha conseguido realizar técnicas de activación ovocitaria in vitro mediante la utilización de un medio de cultivo con ionóforo de calcio. Éste permite que el óvulo desencadene el proceso de activación, pudiendo obtenerse mejores tasas de fecundación. Sin embargo, se trata de una técnica que, a día de hoy, se considera experimental, necesitándose más estudios que corroboren su seguridad.

Los continuos avances y el desarrollo de nuevas técnicas en medicina reproductiva aportan esperanza a las parejas para poder lograr el deseado embarazo y tener un niño sano en casa.

Nerea Diaz, bióloga de Instituto Bernabeu.

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