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A diferencia de la mujer que produce todas sus células reproductoras (ovocitos) durante su propia gestación, liberándolas décadas más tarde en las ovulaciones, el testículo del niño es incapaz de producir espermatozoides.

La generación de las células reproductoras masculinas (espermatozoides) se inicia con la pubertad y se mantiene durante toda la vida del varón independientemente de que haya o no eyaculaciones, disfunción sexual u otras patologías que impidan que se emitan hacia el exterior.

Con el paso del tiempo ya sabíamos que disminuía levemente el volumen del eyaculado y el número de espermatozoides presentes en él.

Anteriormente se pensaba que la capacidad de generación de descendencia sana por parte de un varón en edad avanzada era igual al del varón joven.

Recientes estudios han demostrado que el riesgo de alteración genética en la descendencia se duplica según avanza la edad del varón en cada 10 años.

Por ello, aunque no es tan dramática la pérdida de fertilidad a medida que avanza la edad del varón respecto de la mujer, es una cuestión que no podemos dejar de lado, máxime si el varón además presenta anomalías genitourinarias o consumo de sustancias tóxicas tales como tabaco y/u otras drogas que deterioren la funcionalidad del espermatozoide.

Dr. Rafael Bernabeu, Director Médico del Instituto Bernabeu.

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Edad paterna y riesgo genético en la descendencia
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