Desde el nacimiento de la primera niña concebida mediante técnicas de fecundación in vitro hace poco más de 34 años se han conseguido mejorar enormemente los resultados.  Esto ha sido posible gracias a la optimización de los procesos y muy especialmente a las mejoras en los laboratorios de FIV,  diseñados para mantener unos parámetros ambientales lo más estables posibles y minimizar el estrés ocasionado tanto a gametos como embriones que están expuestos a situaciones no fisiológicas, y que de no estar estrictamente controladas mermarían notablemente su capacidad implantatoria. El aire que entra en el laboratorio se renueva continuamente y es previamente filtrado para eliminar partículas en suspensión y microorganismos que pueden actuar como contaminantes.  Además, existe presión positiva, es decir, la presión en el interior es superior a la de las salas adyacentes evitando así la entrada de aire del exterior al abrir las puertas. Periódicamente se toman medidas de los niveles de compuestos orgánicos volátiles (COV),  que son  agentes con capacidad embriotóxica que derivan de productos de uso común como disolventes, pinturas, aerosoles o combustibles.

Se trabaja a una intensidad de luz reducida puesto que la luz de determinada longitud de onda puede dañar a los embriones.

Tanto gametos como embriones son extremadamente sensibles a los cambios de temperatura por lo que es importantísimo limitar al máximo el tiempo de exposición fuera de las incubadoras.  Para minimizar los cambios de temperatura durante la manipulación se utilizan superficies de trabajo calefactadas que son chequeadas diariamente para garantizar su correcto funcionamiento.

Los embriones se mantienen durante su desarrollo en incubadoras en las que es posible regular y controlar  distintos parámetros, como la temperatura, la humedad y la concentración de CO2,  que en último término definirá el pH de los medios de cultivo, siendo éste otro parámetro crucial para la correcta evolución de los embriones. Para un mayor control las incubadoras actuales cuentan con un sistema de monitorización ininterrumpido que son capaces de detectar desviaciones y enviar mensajes de aviso a los miembros del equipo para corregirlas inmediatamente.

En definitiva, existe una clara evidencia  de que las mejoras en la calidad del aire del laboratorio así como el control exhaustivo del resto de parámetros han contribuido enormemente a mejorar la calidad de los embriones e incrementar las tasas de éxito en las unidades de fecundación in vitro.

Jaime Guerrero, biólogo del Instituto Bernabeu.

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Condiciones ambientales en el laboratorio de fecundación in vitro
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