El Embarazo ectópico se produce cuando el embrión implanta fuera del útero. Su frecuencia es de alrededor del 1,6%. Quien ha tenido un embarazo ectópico tiene más probabilidad de volver a tener otro, aumentando este porcentaje hasta el 13%.

Los embarazos ectópicos se sitúan principalmente en la trompa, pero también pueden ubicarse en cuello uterino, cuerno uterino, ovario y cavidad abdominal.

Hace años se pensó que eran más frecuentes tras tratamientos de reproducción asistida, y aunque parece ser que esta relación está definida claramente como un factor de riesgo, es posible que esto se deba a las características de las pacientes sometidas a FIV, ya que muchas de ellas tienen enfermedades en las trompas y otros órganos genitales que aumentan los riesgos. Así, sabemos que patologías tubáricas como hidrosalpinx o endometriosis tubárica podrían favorecer esta implantación anómala.

El diagnóstico es clínico, ecográfico y analítico. Se trata de pacientes que pueden presentar sangrados intermitentes con test de embarazo positivo y niveles de HCG (hormona detectada con el embarazo) que no aumentan de forma habitual. (Se doblan cada 48 horas en una gestación normal). Ecográficamente se observa el útero vacío con niveles de HCG que ya deberían permitir ver un saco gestacional, estos niveles están establecidos entre 1000 y 1500 U/l.

En última instancia, este embarazo puede evolucionar hacia un aborto tubárico que se puede resolver espontáneamente o provocar un hemoperitoneo (sangre dentro de la cavidad abdominal) sin resolución que pudiera hacer peligrar la vida de la paciente. Este tipo de complicaciones son muy raras actualmente y con los avances que existen hoy en día se tratan con una intervención quirúrgica en la que se hace necesaria en la mayoría de las ocasiones la extirpación de la trompa afecta.

Lo habitual y especialmente en embarazos surgidos tras un tratamiento de reproducción es que el diagnóstico sea analítico (subida de los niveles de HCG anómalos) junto con hallazgos ecográficos compatibles con embarazo ectópico.

La precocidad en el diagnóstico es esencial: cuanto más precoz sea menos agresivo será. El tratamiento temprano, cuando la paciente se encuentra asintomática es habitualmente médico, aunque se puede optar por la espera de una resolución espontánea, con vigilancia de la evolución del cuadro. Este tratamiento consta de una sola inyección intramuscular de una medicación llamada Metotrexate, lo que hace muy cómoda su aplicación.

A medida que se demora se hace más necesaria la intervención quirúrgica: extirpación de la trompa afecta (salpingectomía) o la reparación de esta (salpingostomía).

Dra. Belén Moliner, ginecóloga del Instituto Bernabeu.

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