El útero, el órgano en cuyo interior tiene lugar el embarazo, tiene una cavidad en su interior que es el lugar de la anidación. Esta cavidad, está tapizada por un tejido esponjoso llamado endometrio, que es “la cuna” que el útero prepara cada mes para la llegada de un posible embrión.

Durante el ciclo menstrual el endometrio presenta una serie de cambios que podemos agrupar en  3 fases: la fase menstrual, cuando se desprende para ser sustituido por uno nuevo, la fase folicular o preovulatoria en la cual prolifera y la fase lútea o postovulatoria en la que alcanza el estado adecuado para permitir y acoger la anidación. Estas fases del ciclo menstrual son fácilmente distinguibles por ecografía. 

Durante la fase menstrual observamos el endometrio como una fina línea blanca (hiperecogénica), en el que, en algunas ocasiones podemos ver entremezclada con la sangre de la menstruación (áreas hipoecóicas) junto con contracciones uterinas que le dan el movimiento de salida a la menstruación. Durante esta fase el endometrio mide entre 1-3 mm.

Cuando avanzamos por el ciclo menstrual, entramos en la fase folicular y como respuesta al estímulo producido en el ovario, presenta un patrón trilaminar, es decir, la aparición de tres líneas paralelas entre sí, que va aumentando de tamaño a razón de 0,5 mm por día alcanzando en fase periovulatoria un tamaño entre 9 a 14 mm, normalmente.

En fase periovulatoria, se han diferenciado tres patrones ecográficos:

  • Tipo A. No se observa la triple línea
  • Tipo B. Se observa la triple línea pero sin una mayor ecogenicidad en la línea interior, por lo que, es difícilmente distinguible.
  • Tipo C. Triple línea.

Durante la fase lútea, tras la ovulación, la progesterona producida en esta fase induce que las líneas exteriores de la triple línea se engruesen hasta que, finalmente se unan con la línea interior, transformándose en una única línea homogénea al inicio de la menstruación.

En Medicina Reproductiva, prestamos mucha atención, sobretodo, a la fase periovulatoria, ya que se ha interpretado su déficit en muchas ocasiones como causa de fallo implantatorio. Es importante descartar que la medición y la visualización de la línea endometrial se ha de realizar de forma sistemática y que la experiencia del ecografista, así como, la potencia del ecógrafo pueden influir a la hora de dar falsos diagnósticos. Es por ello, muy prometedor la aplicación de ecografía tridimensional, en el que no solo evaluamos el tamaño endometrial en un plano ecográfico, sino que obtenemos un volumen total endometrial y un estudio de la vascularización que nutre al endometrio y por tanto juega un papel fundamental en la receptividad uterina.

Dra. Belén Moliner, ginecóloga del Instituto Bernabeu.

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