La infertilidad constituye un problema con consecuencias emocionales muy importantes para la pareja. El hecho de no poder satisfacer una parcela tan importante del desarrollo personal como “tener hijos” afecta de forma directa a todas las esferas de la vida de los pacientes.

El núcleo de la persona se ve afectado, deteriorándose de forma significativa aspectos tan importantes como la autoestima, los planes de futuro, la vida de pareja, la familia, la vida social, las relaciones sexuales… En estas circunstancias, son generalizados  los sentimientos de ansiedad y depresión. Por si esto fuera poco, esta situación de “sufrimiento” es en muchas ocasiones minimizada o incluso frivolizada por la sociedad que ve este problema como algo sin mucha importancia y en ocasiones con aspectos “positivos” con comentarios tan desagradables como “con lo bien que estáis sin hijos…”.

Esta situación de stress emocional se intensifica durante los tratamientos de fertilidad (inseminación, fertilización in vitro, donación de ovocitos, etc.). Se han realizado diversos estudios para medir los niveles de ansiedad en distintos tipos de tratamientos médicos, y los tratamientos de reproducción son los que más carga emocional conllevan tras los tratamientos oncológicos (radioterapia, quimioterapia…), esto resulta lógico si pensamos que en ese momento el miedo al fracaso intensifica de forma significativa la ansiedad provocada por la infertilidad.

Sobre todo este contexto de carga emocional provocada por la infertilidad, sobrevuela un cuestión importante  ¿puede ese stress por si mismo ser causa de la esterilidad? El hecho de que la mujer esté emocionalmente afectada ¿le dificulta quedarse embarazada?

La creencia popular es clara y la mujer recibe un mensaje nítido “no te quedas embarazada porque estas obsesionada” y además “el día que te relajes ya verás cómo te quedas sin dificultad”. Estas afirmaciones pueden resultar creíbles, la ansiedad provocarían en el organismo “alteraciones” hormonales o de otro tipo que imposibilitarían o dificultarían el desarrollo del embarazo, y además están basadas en el anecdotario popular que siempre conoce algún caso de mujeres que gestaron después de muchos años de búsqueda sin ningún tipo de tratamiento y alguna que lo hizo después de adoptar un niño por lo que la ansiedad por ser madre estaría ya suprimida.

Estas afirmaciones resultan terribles para la mujer infértil ya que le imprimen un sentimiento de culpabilidad sobre un aspecto que ella no puede controlar “no me quedo embarazada porque me obsesiono” y no consiguen otra cosa más que aumentar más todavía los sentimientos de ansiedad y depresión.

Pero, ¿qué tiene que decir la ciencia sobre esto? ¿Que evidencia tenemos sobre la influencia del estrés sobre la fertilidad? La respuesta es “NINGUNA”. Recientemente la Dra Jacky Boivin (una de las mayores autoridades mundiales en el estudio de los aspectos emocionales de las parejas con problemas reproductivos) ha publicado el mayor análisis sobre este tema recogiendo datos de 14 estudios con más de 3500 pacientes incluidas. La conclusión es muy clara: “el estrés emocional provocado por la infertilidad u otros aspectos de la vida no influyen en la probabilidad de conseguir el embarazo durante los tratamientos de reproducción”

Por lo tanto y como conclusión, podemos asegurar a nuestras pacientes, con los datos que disponemos en la actualidad que esa “ansiedad” u “obsesión” no es la culpable de no conseguir el embarazo.

Podríamos tratar de resumirlo en la siguiente frase:

La infertilidad produce stress, pero el stress no produce infertilidad.

Dr. Joaquín Llácer, director médico del Instituto Bernabeu de Elche.

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