Las infecciones del tracto urinario (ITU) o cistitis, constituyen una patología muy frecuente y mucho más habitual en la mujer que en el hombre, debido a las diferencias físicas entre ellos.

Su incidencia se incrementa con el inicio de las relaciones sexuales, describiéndose en la mujer joven la mayor parte de las infecciones agudas sintomáticas.

Los gérmenes que producen las infecciones urinarias se agrupan en 2 grupos:

            1.- Bacterias Gram negativas, cuyo reservorio principal está en el tracto intestinal: Escherichia Coli supone el 80% de las infecciones, seguida por Proteus mirabilis y Klebsiella pneumoniae.

            2.- Bacterias Gram positivas: Enterococo es responsable del 10-15% de los cuadros (también su reservorio es el intestino).

La vía de infección más frecuente es la ascendente, debido a la menor longitud de la uretra femenina.

Existen una serie de factores predisponentes, como son:

            1.- Actividad sexual. En la mujer con el coito se están impulsando bacterias a través de la uretra, que tiene una longitud de 2-3 cm. De ahí el consejo ginecológico de que se recomienda orinar siempre tras las relaciones sexuales, para eliminar esas  bacterias que han ascendido a la vejiga.

            2.- Arrastre de gérmenes desde el ano a la vejiga. Muy frecuente en niñas y de ahí el dicho que todos los padres recitan a sus hijas tras ir al baño: “el pipí por delante y la KK por detrás“.

            3.- Embarazo. Se asocia a los cambios morfológicos y funcionales que acontecen durante la gestación, suponiendo la patología médica más frecuente en las embarazadas tras la anemia. Puede asociarse a parto pretérmino, bajo peso del recién nacido  y aumento de la morbi-mortalidad perinatal.

            4.- Menopausia. La atrofia vaginal y del epitelio uretral, por el déficit estrogénico, va a aumentar la susceptibilidad a las cistitis.

La clínica de la ITU o cistitis se caracteriza por:

  1. Disuria: sensación de quemazón al orinar.
  2. Polaquiuria: micciones frecuentes y de poca cantidad de orina (como gotear).
  3. Tenesmo vesical: sensación constante de querer orinar.
  4. Orina turbia y en ocasiones con sangre (hematuria).
  5. Dolor retropúbico y en la zona uretral durante y después de la micción.
  6. Si la infección se propaga vía ascendente hacia los riñones, podría producir una pielonefritis, con fiebre elevada, escalofríos, malestar general, náuseas y vómitos, dolor lumbar, etc.

El diagnóstico se realiza con la clínica, tan característica y específica, y se confirma con el cultivo de orina (urocultivo y antibiograma), en el cual han de aparecer más de 100.000 colonias/ml para considerarlo positivo.

El tratamiento está basado en 3 pilares:

            1.- Prevención: Medidas higiénicas ya expuestas y sobre todo la micción postcoital.

            2.- Ingesta abundante de líquido, que va a producir una eliminación y arrastre de las bacterias.

            3.- Antibioterapia. Los antibióticos más frecuentemente utilizados son las quinolonas, penicilinas  y fosfomicina.

Siempre es aconsejable iniciar el tratamiento con un antibiótico empírico y continuarlo o modificarlo al tener el resultado del urocultivo y antibiograma.

Actualmente se asocia al tratamiento antibiótico el uso de arándano rojo, que tiene acción  antiadhesiva bacteriana y favorece la eliminación de los gérmenes.

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